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El caso de Islandia

10 marzo 2011

¿Islandia es todavía un país? La relativa insistencia en el caso islandés, no tengo noticias de que se haya convertido en trending topic en las redes sociales, ha alimentado estos días mi interés. Algo se deberá estar cociendo cuando hace unos días, entre plato y plato, un amigo concluyó la conversación sobre las pillerías varias de nuestro tiempo con la siguiente frase: “Fíjate lo que está pasando en Islandia, basta ya…” ¿Qué basta ya? Quizás mi oído convirtió ese  “basta ya” en un “va a estallar”, no sé, yo había dejado a Islandia y a los islandeses en el momento que pinchó la burbuja inmobiliaria, lo que derivó en un mayor endeudamiento para salvar sus bancos y, en consecuencia, en una tormenta política sobre quién tenía la culpa de poner en riesgo la solvencia de uno de los países más ricos del mundo. Quizás Islandia, pienso ahora, se esfumó del mapa tras aquel volcán de nombre impronunciable que llenó el cielo de cenizas.

En naranja, Islandia/ Foto: luventicus.org

El desapego a las teorías de la conspiración no debería llegar al extremo de no querer ver la realidad, he aquí uno de los dilemas de siempre. Cierto que la rebelión de los islandeses contra sus políticos no ha contado con una cobertura mediática, al menos en España, a la altura de las grandes gestas ciudadanas. Y, en este punto, la comparación resulta fácil: no ha habido una cobertura equiparable a la que se ha ofrecido bajo el epígrafe genérico de revueltas árabes, con notables espantadas como la del egipcio Mubarak. ¿Que Islandia, país de poco más de 300.000 habitantes, no es Egipto? Puede ser… Pero no tengo claro si únicamente se puede establecer esta equiparación desde una perspectiva histórica, ¿o es que no hablamos de la Islandia que hace sólo un par de años era encumbrada como ejemplo de lo que se debía hacer en una economía de mercado?

A lo mejor más que un problema de percepción es un déficit de atención en la lectura. Yo he descubierto hoy que hay un periódico en Aragón (Aragón, España) que sí está siguiendo la protesta: la de los países árabes y la de Islandia… y la de Wisconsin.

Este párrafo:

“Las movilizaciones en Islandia, ésas que se han cargado dos gobiernos, que han exigido el encarcelamiento de los jerifaltes económicos del país, que se han negado a asumir las deudas de los bancos, que han promovido una asamblea popular para redactar una nueva Constitución, que han dado un corte de mangas al FMI y a los mercados, esas movilizaciones no pueden ser presentadas por los medios con simpatía, sino con preocupación. Porque subirían al escenario a un pueblo que, lejos de doblegarse, de asumir deudas ajenas e imposiciones irracionales, ha dicho basta. El efecto de imitación que provocan los medios es brutal. La televisión estuvo en el centro de las revueltas de los países del Este, que comenzaron a imitarse los unos a los otros; lo ha estado en las revueltas del Magreb, con los efectos que estamos advirtiendo. Por eso es preciso silenciar a Islandia, o poner sordina a las diez huelgas generales de Grecia, no vaya a ser que a los europeos nos dé por pensar que, hombre, igual tienen razón los islandeses y ya vale de que nos tomen el pelo. Y empezáramos a reunirnos en las plazas, y a coger cacerolas, y a decirles a los Tanto-monta-Monta-tanto (PP-PSOE-CIU-PNV-PAR-CC) que hasta aquí hemos llegado”.

Contar lo que pasa, la salvación del periodismo.

2 comentarios dejar un →
  1. 16 marzo 2011 23:22

    japan is in a crisis right now

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  1. Yo ya no sé qué pensar | here, there and everywhere

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