El efecto ‘App Store’

18 Jun

Todavía no he podido pellizcar el iPhone, aunque ya es como si lo hubiera tenido entre mis manos por tantas referencias como he leído en los medios de comunicación, sobre todo tras el lanzamiento en España (hoy) de la última versión del teléfono inteligente de Apple. Ya he hablado aquí en alguna ocasión de mi relación con las tecnologías (también a través de otros), imagino que muy en la línea de lo que ha vivido cualquier persona del mundo desarrollado: un proceso que va del desapego y la indolencia iniciales a la progresiva adaptación a la vida digital, gracias a un aprendizaje más bien inconsciente, intuitivo (¿para qué servirá este botoncito?).

Pero volvamos a Appel y su filosofía empresarial. Me ha parecido interesante un artículo de Francis Pisani para soitu.es en el que habla del efecto ‘App Store, en referencia a la popular empresa en internet de esta marca, y en el que recomienda que la vieja industria de los periódicos asuma estos mismos principios. Pisani cita a su vez un artículo en The New York Times. Resumiendo:

El efecto App Store se basa en lo siguiente: si reduces a la mitad el precio de un programa de software, venderás más del doble de copias. Si lo reduces a la décima parte, venderás más de 10 veces más. Y así sucesivamente. (…) Puede parecer un principio contrario a toda lógica, pero ha reportado beneficios que superan el sueño dorado de cualquiera. Las cifras son asombrosas: como probablemente sepáis, los fans de iPhone/iPod Touch se descargaron mil millones de aplicaciones en nueve meses. Algunos programadores de iPhone se han hecho millonarios en meses —sí, vendiendo copias de software a un dólar— gracias a esta descabellada matemática. 20 dólares pueden parecer mucho más rentables que 1, pero no lo es si 1.000 veces más personas compran a 1 dólar.

Creo que sin las nuevas tecnologías no habría evolución posible y, por ir a lo práctico, en el periodismo todo serían contratiempos. También creo que el trabajo y el dinero no lo son todo en esta vida, y que por eso cada vez es más difícil evitar que los jóvenes se enganchen a lo digital, a pesar de no tener un euro. No porque aborrezcan de la literatura española del Siglo de Oro o porque tengan algún tipo de reacción cutánea si salen a la calle a relacionarse, sino porque inventos como Facebook, Twitter o aparatos como el iPhone son realmente útiles. La clave es que sepamos aprovechar estos avances y que esta dependencia no se convierta en adicción (aquí un largo reportaje en El País donde se analizan las características de la generación web).

Para incidir en esto último, nada mejor que proyectos pensados para los jóvenes del ámbito rural como Bitácora0.9, un encuentro informático organizado por ADINUT.

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