‘Hispaliza’ en Marruecos y fin de las vacaciones

3 Ago
Venía esta mañana en el AVE, de regreso a Madrid después de mis vacaciones (se comprueba fácilmente mi esquinazo a la rutina si se observa el número de entradas del blog durante el mes de julio: cero), cuando a mi lado se sentó una joven mochilera que leía Ébano, de Ryszard Kapuscinski. Yo releía algunas reseñas extraídas de internet sobre Marruecos, donde pasé los últimas días del parón estival. Tras intercambiar algunas impresiones, ella (no recuerdo su nombre, como es costumbre en mí) me habló de lo poco que conocemos de África, de lo que culpó en gran parte a los periodistas (ay). Quizás para escurrir el bulto, recordé a mi compañera de asiento que Kapuscinski es reconocido como un maestro de periodistas después de ejercer toda su vida como reportero, gracias a lo cual escribió libros como Ébano, una referencia para sumergirse en el universo africano. Hablando, hablando resultó que ella, cooperante de profesión, había estado de paso por Marruecos después de visitar a unos amigos en Guinea (creo que me dijo), motivo por el que le recomendé que leyera el blog de Luis de Vega, corresponsal del diario Abc en el reino alauita.

Este blog lo he descubierto por recomendación de mi primo Antonio (que vive y trabaja en Rabat y que ejerció de excelente anfitrión durante nuestra visita: gracias de nuevo, Antonio) y tras coincidir con Luis de Vega en dos ocasiones, la primera en una cena en la capital marroquí y la otra en el aeropuerto de Fez. Ya lo he agregado a Google Reader. Tanto Antonio como Luis tenían razón: Marruecos merece una visita aunque sólo sea para perderte (aunque vayas con guía) en la medina de Fez. Fue así como comenzó una apasionante hispaliza (el amigo Rachid dixit) que sirvió de colofón de las vacaciones.

Como he olvidado la cámara de fotos en Lora (como es costumbre en mí), más adelante iré dejando aquí algunas píldoras del viaje (aunque para tener una visión global del país, quizás es mejor leer este artículo). Por cierto, al llegar a la estación de Atocha me despedí de la joven cuyo nombre no recuerdo en la misma parada de los taxis. Estábamos ya en España: ella cogió un taxi y yo, otro; y la tarifa del recorrido, elevada como de costumbre, se pagó sin que mediara negociación alguna con el taxista. El tráfico era aquí más sosegado, aunque las diferencias en la conducción temeraria se acortarán cuando finalice el mes de agosto.

Felices vacaciones para quienes las comiencen ahora… o sigan en ello.

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