Estado policial

7 Ago

Buena parte de la trama de la exitosa trilogía de Stieg Larsson Millennium (calificada esta misma semana como “interesantísima” por Fernando Savater: todo un aval) gira en torno a las corruptelas del Estado sueco y de su policía secreta, sobre todo en el desenlace de la última novela, traducida al español como La reina en el palacio de las corrientes de aire. Que el Estado tiene a su alcance mecanismos suficientes para espiar, extorsionar, corremper, etc. es de sobra conocido, más allá de lo que la literatura o el cine nos muestra como reflejo de la realidad. Hace unas semanas, Enric González escribió un artículo titulado “Las virtudes del estadista” que rememoraba las andanzas del ex presidente francés François Mitterrand:

(…) En 1983 ordenó que fueran intervenidos los teléfonos de unas 150 personas, entre las que había políticos, abogados, periodistas y empresarios, a las que consideraba “enemigos potenciales”. También intervino el teléfono de la actriz Carole Bouquet, que no era enemiga potencial, pero le gustaba mucho(…)

Supongo que cualquier político debe esforzarse a diario para escapar de la atracción del poder que, como un imán, le trae ante sí toda una amalgaba de posibilidades para sortear la ley. Y cuanto más poder, mayores son las posibilidades. Por eso es bueno que los políticos se vayan de vacaciones, que se relajen, tengan tiempo libre y disfruten de la familia: es la última esperanza para que se humanicen y recuerden que están ahí para servir al ciudadano.

María Dolores de Cospedal está de vacaciones pero, por ahora, no se ha puesto el traje veraniego. Nótese que, al ser la encargada de establecer la posición del PP, le habla a la cámara sobre un fondo en el que aparece ora un bucólico jardín, ora una idílica playa. Pero sus palabras están impregnadas de sal gorda, quizás porque le habla a la audiencia a pesar de que su cabeza continúa en la novela que ha dejado en la hamaca, junto a la piscina.

No seré yo quien ponga en solfa a Cospedal por advertirnos de los peligros de la democracia y de seguimientos y escuchas ilegales propios de un Estado policial. Tiene a compañeros de partido que llevan algún tiempo denunciándolo.

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