Vivienda sólo con opción de compra

15 Sep

Se cumple un año de la quiebra de Lehman Brothers, aquellos banqueros orgullasamente despediados que hicieron fortuna expandiendo como una hidra las hipotecas basuras (subprime) que, allá por setiembre de 2008, fueron el origen de la crisis económica mundial. ¿Hemos aprendido algo? Parece que no: los productos opacos (léase subprime) siguen siendo cada vez más sofisticados, los medidores de riesgo de las autoridades competentes se demuestran ineficaces y la banca sigue repartiendo entre sus directivos bonus excesivos; unos sobresueldos que dependen del número de productos colocados en el mercado.

Sabido es que el sistema financiero español no fue el que más negocio hizo a la hora de propagar el engaño masivo de las hipotecas basuras, lo que no quiere decir que nuestros banqueros sean hermanitas de la caridad. Su negocio depende, al igual que cualquier banco, de prestar dinero. Y para ello se debe cumplir esa máxima económica: el endeudamiento es bueno para el crecimiento porque activa el consumo, verdadero motor de la economía. También es el paso previo para que los bancos se forren.

Jesús Encinar/Imagen de Cotizalia.com

Jesús Encinar/Imagen de Cotizalia.com

Yo no soy economista, pero tampoco me considero ignorante. Por eso leí con atención las explicaciones que dio Jesús Encinar, CEO de Idealista.com, el primer portal inmobiliario de España,  sobre por qué se había decidido ahora a comprar una casa; se había decidido a buscar, lo que no garantizaba que finalmente comprara. En definitiva, donde algunos habían visto un nuevo brote verde de la recuperación económica, Encinar explicó que simplemente había apetencia, se trataba de “una decisión de vida” más que una decisión estrictamente financiera. El revuelo mediático fue notable, una prueba más de que Jesús Encinar pasa por ser considerado una referencia por su éxito en la Red.

Los argumentos de Jesús Encinar son muy respetables, pero no dejan de formar parte del manual del perfecto consumidor. Como usted, supongo, desde luego como yo. Me compro un coche porque me da más libertad; me compro una casa porque contribuye a que sea más feliz (mi espacio, mis muebles, etc.). Pero, ¿quién dice que en el acceso a la vivienda deba primar la opción de compra? Una pregunta que nos lleva a otra: ¿por qué no funciona el mercado de alquiler de vivienda en España?

Ahí están los datos: en 2007, antes de que la crisis llegara para instalarse en nuestras vidas, nadie parecía inmutarse al comprobar que el porcentaje de vivienda en alquiler en España suponía un 7,5% del total, frente al 30% de la media de la Unión Europea (datos de Consumer.es).

Parece claro que una de las razones principales por la que no se alquilaba era porque no existía esa demanda. En el ideario español está fuertemente arraigado el tener una vivienda en propiedad, ya sea como inversión, ya sea como un bien que hereden tus hijos o ya sea porque así mejoras tu estado anímico.

El escritor Javier Marías publicó en marzo de 2008 este acertado artículo, que recomiendo que se lea de principio a fin, en el que se analizaba esta “extraña manía española”. De aquí rescato lo siguiente:

Es una extraña manía española, sin parangón en ningún país que yo conozca. Lo que los españoles parecen ignorar es que: a) el 80% de los europeos viven en régimen de alquiler, sin que eso les suponga ni una tragedia ni un oprobio; pagan por el uso de algo, y, en contra de lo que aquí se piensa, no están “tirando” el dinero, sino que lo destinan al disfrute mensual del piso a su alcance o de su elección, lo mismo que la ropa que visten o los alimentos que ingieren, que en modo alguno son eternos; y b) que, hasta hace no mucho, lo normal, también en España, era que los pisos se alquilaran, no que se pudieran comprar.

He hecho los cálculos y llevo más de cuatro años viviendo en régimen de alquiler, primero en un piso al lado de la plaza de Santa María la Blanca, en Sevilla, y luego en Madrid, ciudad en la que he vivido en tres sitios: en el Barrio del Pilar, en Sainz de Baranda (distrito Retiro) y en Chamberí (al lado de Nuevos Ministerios). Hasta hoy. ¿Quiere decir esto que aborrezca de la propiedad privada y que descarte para el futuro cualquier tipo de vivienda que no sea en régimen de alquiler? Por supuesto que no: sólo aspiro a tener presente mis propias palabras si algún día me decido a hipotecarme.

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