Un lugar

14 Oct

[Artículo publicado en La Radio de papel, nº de octubre]

Conozco un lugar donde en cada esquina aflora la frágil textura de las ilusiones humanas. Cree uno que, en el fondo, cada habitante convive con un sentimiento de culpa, aunque el verdadero protagonista es la desesperanza, que se ha extendido como una hidra por todas las calles. Se trata de un lugar donde se mantiene impoluta la paradoja de nuestra democracia: las decisiones sobre las cosas las toman gentes que no tienen la menor idea de cómo funcionan las cosas.

Los habitantes del lugar, lejos de resignarse, se acomodan como pueden a las reglas: las que dicta un alcalde únicamente preocupado por proteger su cuota de poder y bienestar; las que dictan unos jueces que no pueden, no deben morder jamás la mano que les da de comer, esto es, la del poder político; las que dicta una policía desamparada por la escasez de recursos y la debilidad de la cadena de mando; las que dicta una banca que financia cualquier cosa que llegue a sus ventanillas sin interesarse de la procedencia, casi siempre dudosa, del dinero; las que dictan unos medios de comunicación entregados a la lamentación, capaces de comprar cualquier historia con tal de garantizar un titular a toda página (y a veces, ni eso); las que dictan los dueños de los verdaderos motores económicos, desde la corrupción inmobiliaria a la venta de droga.

La banda sonora es la corrupción. Pero no hay tiempo para el mea culpa porque el principal objetivo es sobrevivir. Adaptarse al medio.

Este lugar no está en Andalucía, ni siquiera en España (aunque haya lugares en nuestra geografía donde se puedan extrapolar algunos de estos rasgos). Se trata de Baltimore, una ciudad al norte de Washington, y que sirvió de escenario para rodar la serie de televisión The Wire. Los calificativos los cargas el diablo, y basta con llamar a alguien fascista o estalinista para que el aludido se ponga a hacer honor a esta condición. Así que me esforzaré para ser preciso: The Wire es una obra maestra. Pocas veces experimenta uno (¡sentado en el sofá y de forma natural!) esa mezcla entre el deleite y el sobrecogimiento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: