Pagar después de pagar

21 Oct

“Hacemos del disgusto una cuestión personal que cada uno lleva como puede”. Esta reflexión sirve de resumen de la columna que firma hoy Enric González, y que me ha animado a escribir sobre una experiencia personal reciente. Enric González lamenta el bajo perfil contestatario de la sociedad actual, especialmente de los jóvenes, cada vez más interconectados a sus Twitter y sus blogs donde “cada uno cuelga o vomita su texto o su comentario iracundo y ahí nos quedamos: en el mejor de los casos, un mosaico de desahogos; en el peor, un océano de conformismo nihilista”.

Hace unos días entré en un banco para interesarme por un préstamo. Me ahorraré los detalles sobre las reflexiones en voz alta que me hizo el encargado de banca, del estilo “el sentido común nos obliga a tomar precauciones”. Las precauciones, para mi caso, se resumían en que si yo le pedía al banco donde tengo domiciliada mi nómina un préstamo al consumo de 6.000 euros para devolver en dos años, esos 6.000 euros se convertían en 7.500 euros: el resto hubiera sido el margen de ganancia del banco. El cálculo lo hice allí mismo, también en voz alta, delante del encargado de banca. Antes de darle los buenos días y levantarme, este señor tuvo a bien regalarme una última observación: “Quizás te parecen unos intereses elevados porque nunca te has visto en la obligación de pedir un préstamo”. A mí aquello me sonó a ya nos veremos otro día, forastero.

Sinceramente, aquello me enfurruñó. Quiero ver que, en parte, jugó a favor de que pasara del préstamo bancario y buscara alternativas para realizar la compra. Recurrí al ahorro y al préstamo familiar, exento de intereses. Poco después me enteré de nuevas fórmulas basadas en el préstamo de dinero, a medio camino entre la insaciable voracidad de la banca y la desaforada generosidad de la familia. Aquí se encuadra el caso de Comunitae, una plataforma fundada por ex directivos del BBVA que dice contar con una comunidad de 10.000 personas que se prestan dinero a través de internet, pasando de los bancos tradicionales.

¿Es Comunitae un ejemplo de que, en el fondo, la crítica de Enric González no es del todo cierta? Puede ser. En lo que no hay duda es en que internet es un campo de ensayo en el que el ciudadano puede/debe llevar a cabo el contrapoder al que se refería Enric González en su columna.

A lo mejor así España dejará de ser uno de los países donde es más caro tener una cuenta bancaria.

A lo mejor así España dejará de tener uno de los accesos a internet más caros y también más lentos.

A lo mejor así España dejará de ser uno de los países con los precios más caros en telefonía móvil.

A lo mejor así España encuentra su salida a la crisis.

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