Novela con el transfondo de la Guerra Civil

21 Nov

Conozco a mucha gente (amigos, familiares; también gente cercana) cansada de la Guerra Civil española. Piensan que en España no se puede hacer una película, publicar un libro o escribir un artículo de prensa sin que se aluda a la fractura cainita del 36, lo que les provoca hartazgo. Respeto esta opinión, pero no comparto en absoluto ese cansancio generalizado a lo que representó aquella contienda. Es más, entiendo que es un periodo sobre el que es necesario insistir: primero, porque ofrece un transfondo indudablemente rico para descubrir y contar historias y, segundo, porque pasados 70 años seguimos sin un consenso básico sobre aquellos hechos.

En España tenemos un problema: llevamos en nuestro ADN aquella división de las dos Españas, avisados de antemano de que una de ellas ha de helarnos el corazón. No es del todo cierto, aunque existan esos dos polos. Pero se piensa que hay que tomar partido y optar bien por la España democrática e ilustrada, bien por la España que entendió que debía corregir el rumbo patrio mediante la sublevación militar. O lo uno o lo otro, de forma que la defensa de una posición propia, independiente, equidistante con la beligerencia imperante se revela como una posición descafeinada, pusilánime, incapaz de posicionarse políticamente.

Sobre esta dicotomía discurre la novela La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, si atendemos a sus propias palabras en Babelia.

Antonio Muñoz Molina

El protagonista de La noche de los tiempos, explica Muñoz Molina, no cuadra en ninguna de las simplificaciones que se impusieron. “No hay dos Españas, como en un partido de fútbol siniestro, que al final entran en guerra. Hay una situación política muy confusa, muy rica, en la que lo más difícil era que se formaran bandos congruentes”, continúa el escritor granadino jienense. Cita varios ejemplos de políticos: “¿Qué tenían que ver los anarquistas con los socialistas de Julián Besteiro, los de Largo Caballero, los republicanos de Azaña, de Miguel Maura, de Alcalá Zamora, un mundo muy fluido que no debía haber acabado en eso? Era un bando muy caótico. Por eso, en parte, se pierde la guerra. Se empeñaron casi en perder. Es muy fácil saber eso. Lo único que hay que hacer es leer. En España se puede saber todo. Los historiadores de verdad han hecho su trabajo. Y lo han hecho bien”.

Muñoz Molina se ha inspirado en personas como Pedro Salinas, también en el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales.

Es entonces cuando mi interés por esta novela, que no he leído aún, se acrecienta. Sí leí tiempo atrás el prológo que Chaves Nogales escribió para su libro A sangre y fuego, una recopilación de relatos no ficticios con el transfondo de la Guerra Civil que, según la crítica, oscurece a los otros cientos de relatos publicados, la mayoría de ellos sobrados de retórica guerrera. Ahora releo ese prológoco y sigo pensando que es sencillamente prodigioso, máxime porque fue escrito en 1937, durante el exilio parisino del escritor. Chaves Nogales no era apolítico, era un hombre de izquierdas que se definía como liberal pequeñoburgués por herencia familiar, antifascista y antirrevolucionario por temperamento, pero no por ello infiel a la República parlamentaria nacida de las urnas y violentada por el golpe de Estado. Murió en Londres, alejado de su familia, como tantos otros intelectuales que dejaron de ser españoles en un momento determinado. A pesar de todo, denunció a los “idiotas y asesinos” que se daban “con idéntica profusión en ambos bandos”. Era una España en la que uno no podía pensar por sí mismo. Primero hubo que elegir militancia y, finalmente, abnegar de cualquier idea propia y original.

Muñoz Molina comparte la singular honradez de esos Chaves Nogales que fueron silenciados en la antesala de aquella guerra. Le preguntan en Babelia:

— ¿Está preparado para recibir su leña desde la izquierda? Porque algunos le darán.

— Pues lo siento. Yo soy una persona de izquierdas. Me da igual lo que digan. En la novela no hay nada que no hayan escrito o manifestado y pensado gente de izquierda. Mis guías políticos en la novela han sido progresistas como Barea, José Zugazagoitia, Moreno Villa o Manuel Chaves Nogales.

— Pero hay grandes sacrosantos de ese bando que no quedan en buen lugar, como Alberti o Bergamín.

— Es lo que es. No resulta lo mismo, por ejemplo, Miguel Hernández que otros. Él estuvo en lugares donde silbaban las balas mientras otros estaban en bailes de disfraces y comilonas de la Alianza de Escritores Antifascistas. Es así.

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2 comentarios to “Novela con el transfondo de la Guerra Civil”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Melilla y la vida en suspenso « vasos comunicantes - 18 agosto 2010

    […] Releo la entrevista (tanto la escrita como la grabada en vídeo) que hiciera Jesús Ruiz Mantilla, excelente periodista, a Antonio Muñoz Molina cuando se publicó la novela. De la novela, que narra las peripecias de un arquitecto español, Ignacio Abel, que tiene que hacer frente a una “encrucijada fundamental” en los albores de la contienda fratricida, ya traté en su momento. […]

  2. Recuerdo guerrero (con su correspondiente ardor) « vasos comunicantes - 23 noviembre 2009

    […] Aquí mismo hablaba desde otra perspectiva del ardor guerrero, en concreto del que precedió a la Gu…. Reconozco que no me fascina la literatura bélica, aunque entiendo que el periodismo debe ocuparse de los asuntos de la guerra. Por precisa algo: lo que no comparto, y a veces creo ver algo de esto en la propuesta de Arturo Pérez-Reverte, es que la guerra ennoblezca a sus protagonistas, sean estos actores primarios (soldados) o secundarios (periodistas) del acontecimiento. Puede ser que mi punto de vista parta de una posición subjetiva (no podría ser de otra forma), a saber: sospecho que sería incapaz de ejercer el periodismo en un conflicto bélico por temor a perder la vida, primeramente, pero también por no estar a la altura de los Pérez-Reverte que, renunciando a las comodidades de la redacción (aunque sea en domingo), se marchan al frente para narrarnos a los demás las atrocidades más insospechadas. […]

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