Don Nomenclátor

11 Ene

[Publicado en La Radio de papel, enero]

Una anécdota que viví a finales de año, cuando tocaba renovar la tarjeta anual del Servicio de Estacionamiento Regulado de Madrid (SER), me hizo recordar la manía de un ex compañero de trabajo que tenía una particular inquina con el nombre de su madrileña calle, algo que nos viene dado y sobre lo que poco podemos hacer para cambiarlo, salvo encabezar una recogida de firmas con escaso recorrido. Aunque no fuera esto, mi amigo emprendió su simbólica campaña en contra del nombre dado a su calle y que sigue haciendo honor a un militar que, incluso con la democracia, se pensó que estaría bien que fuera renombrado por su pasado matarife. Así, cuando en cualquier ventanilla se le preguntaba por su domicilio, éste encabezaba su respuesta: “Por desgracia, calle del general…”

Mi anécdota ocurrió en una ventilla a la que acudí para que el Ayuntamiento de Madrid me diera la cartulina que, en 2010, faculta para aparcar el coche sin ser multado en cualquier calle de mi distrito, el de Ríos Rosas-Chamberí. Se ve que el sistema informático avisó de algún problema relativo a la calle de Lora del Río en la que decía, en base a la documentación, que estaba empadronado: en mi DNI constaba “calle Colón” y en mi empadronamiento esa vía aparece como “Roda Abajo”. Había dudas, y así me lo hizo saber el funcionario:

– Ya, pero eso es un problema del nomenclátor – expliqué a mi interlocutor-.

– Mire, mire – interrumpió éste-, a mí no me hable de otros; el ordenador no me permite darle el SER.

Puede que, por mi acento andaluz, aquel trabajador municipal confundiera nomenclátor, una palabra que yo tenía reciente por las novelas de Javier Marías (quien presta mucha importancia a cómo se nombra y se cuenta), y a sus oídos, quizás por semejanza, sonara aquello como “don Pelayo” o se hubiera reinterpretado como “don Nomenclátor” o “don Menclátor”; aunque quién sabe, a lo mejor la confusión vino con “Terminator”. Las dudas se resolvieron con la intervención de un superior del SER, que me dijo que haría “la vista gorda” (un favor) tras entender que “calle Colón” y “calle Roda Abajo” es la misma cosa en Lora del Río, Sevilla.

La anécdota podría servir para dar traslado de esta cuestión al Ayuntamiento de Lora ya que, creo, se debería optar por una de las dos opciones para nombrar a la misma calle en lo relativo a los trámites burocráticos. Me consta también que en mi casa loreña (la de mis padres, se entiende) se reproduce un curioso juego de adivinanzas cada vez que llama Telefónica, por ejemplo, para solventar cualquier problema en la conexión de Internet. A la pregunta obligada de cuál es el domicilio, la respuesta es algo precavida, recurriendo a una nueva pregunta: “¿Calle Colón?” Sí, no. “¿Calle Roda Abajo?” Pues de acertar depende que se mantenga el servicio de atención al cliente. Yo no tengo nada, al contrario de aquel amigo del que hablaba al principio, ni contra Colón ni contra los muy usados entre los loreños Roda Abajo, Roda En Medio o Roda Arriba. Ya digo, es cuestión de respetar el uso acostumbrado sin que se dé a entender que se pretende ocultar algo con los muchísimos dobles nombres que existen para llamar a una misma calle y que, bien en Lora bien en Madrid, en cualquier caso nos han sido dados a los ciudadanos.

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