En el aire

19 Mar

Siempre me han gustado los hoteles. La cama siempre preparada, la toalla en su sitio, la luz y la temperatura regulables, y el silencio. Pase lo que pase. Todo dispuesto para un fugaz uso, la máxima expresión de la comodidad.  Sospecho que tiene que ver con el inalterable orden de aquellos hoteles en los que merece la pena pernoctar. Hubo una época en la que rara era la semana que no pasaba alguna noche en alguno de ellos por trabajo, el mismo motivo de la gran mayoría de los clientes de hoteles.

Quiero pensar que esto que voy a decir lo hará más gente: confieso que en los tiempos muertos me divertía, o más bien me entretenía, imaginando en qué consumirían su tiempo aquella fauna que, como yo, desfilaba por el hotel. Allá que volaba la imaginación mientras desayunaba, o mientras esperaba mi turno para que me entregaran la llave de la habitación, o mientras hacía tiempo en algún sofá de la recepción hasta que llegara la hora de volver al trabajo.

En la película Up in the air, George Clooney es uno de esos clientes asiduos a los hoteles en quien, de encontrármelo, estoy convencido que repararía para preguntarme por su ocupación. No hubiera acertado nunca. De hecho, hasta que no he visto esta película no he caído en que existen empresas que tienen su nicho de negocio en comunicar el despido a los hasta ese momento trabajadores y que, por tanto, necesitan de depredadores aparentemente sin escrúpulos para cumplir con este cometido. Claro que, ingenuo de mí, hasta hace poco no sabía que había tanta gentuza que hacía fortuna de apostar a devaluar tal moneda o (ya puestos) cual país.

También es cierto que el director de Up in the air cuenta con un tándem de actores de esos que son irremediablemente mirados allá donde vayan gracias al indudable atractivo físico de ambos. Cualquier persona, más allá de sus preferencias sexuales o incluso de lo que haga en sus tiempos muertos en un hotel, no se cansaría de ver a Clooney, y lo mismo ocurriría si se encontrara con la otra protagonista de esta película, Vera Farmiga, de la que siempre recordaré su nombre por la insistencia de Carlos Boyero; por la insistencia en su belleza, amén de sus dotes interpretativas.

He citado de pasada la suerte del director de Up in the air, Jason Reitman, responsable de otra película de infausto recuerdo para mí. Imposible olvidar aquella experiencia. Se trata de Juno, la historia de una joven que hace frente a un embarazo no deseado y que vi, en el cine de verano de Barbate, con un sufrimiento que no sé si en algún punto se puede equiparar con el peor de los partos. Resultó que aquel cine al aire libre estaba rodeado de pinos, que me provocaron una reacción alérgica que afectó, principalmente, a mis ojos. Éstos se hincharon como pelotas de pin-pong pero, a pesar del continuo lagrimeo, aguanté como pude hasta el final de la película. Para añadir mayor surrealismo, resultó que la cinta que proyectaba el cine de Barbate era defectuosa, al punto de que plano tras plano aparecía sin disimulo alguno toda la parafernalia que rodea a cualquier secuencia: el micrófono de ambiente, la grúa de la cámara y no sé (ya digo que mi visión estaba seriamente mermada) si hasta el apuntador.

A partir de ahora Jason Reitman será el director de Up in the air.

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3 comentarios to “En el aire”

  1. Setefilla Navarro Rodríguez 23 marzo 2010 a 20:55 #

    Sí,hijo sí, doy fe de ello. Aquello era subrrealista, muy barbateño. Los pinos por poco te matan y la peli parecía hecha en el taller de audiovisuales de mi centro. Pero, si no el cine,por aquello de la alergia, en la playita me encantaría repetir este próximo verano porque el próximo me pega que va a ser más difícil.

  2. zeroneuronas 19 marzo 2010 a 9:01 #

    Pues a mí ni me gustó Juno, ni me gustó Up in the air. Creo que no iré a ver su próxima película, porque dice el dicho que no hay dos sin tres.
    Saludos.

    • Luis M. Carrasco Navarro 19 marzo 2010 a 12:32 #

      Por lo que recuerdo (y por lo que pude ver) de Juno, me pareció una historia plana, graciosa en algunos momentos, pero poco más; hay algo en la historia de Up in the air que sí me inquieta. No haré cola para la tercera película de Reitman, pero creo que sí le daré la oportunidad. Un saludo.

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