Garzón y los golpes a la democracia

14 Abr

Debe de existir un exceso de amor hacia la democracia cuando, a propósito del procesamiento abierto contra el juez Garzón en el Tribunal Supremo, unos y otros muestran su máxima preocupación por la posible defunción de este sistema político. Así, quienes organizan un acto de apoyo a Garzón advierten del “golpe brutal a la democracia” (por ejemplo, el ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo), mientras que los que ven indicios de prevaricación en la actuación del juez que se atrevió a investigar por primera vez las desapariciones del franquismo se llevan las manos a la cabeza por un acto “profundamente antidemocrático” (en palabras de Rajoy).

Se olvida aquella vieja frase, atribuida a Churchill, que reconoce a la democracia como el sistema menos malo. Al fin y al cabo la democracia se sustenta en la ley, y ésta nace del hombre y se ejecuta por el hombre, estando necesariamente condicionada por su carácter falible.  Pero sí, la democracia es una palabra que se digiere bien, nos llena con facilidad la boca.

Pedro Almodóvar, José Sacristán y Pilar Bardem, en un acto de apoyo a Garzón celebrado en Madrid/Foto publicada en 'Público'

Ayer estuve cubriendo uno de los actos que estos días se están celebrando en Madrid en apoyo a la instrucción de Garzón contra las desapariciones del franquismo. Es decir, en contra de la decisión de la Sala del Supremo (presidida por Luciano Varela, un magistrado con unos antecedentes ideológicamente en las antípodas de la extrema derecha) de atender a la querella presentada por Falange y otros grupos nostálgicos con el régimen de Franco. Sin que lo primero signifique lo mismo que lo segundo; es más, creo que es en esta divergencia de intereses (de interpretaciones) donde se espera que se siente jurisprudencia: si pesa más el derecho internacional que ampara a un juez a investigar un genocidio o si, por contra, los problemas de forma de la instrucción del juez o incluso las leyes internas de España (Ley de Amnistía, por ejemplo) pueden contravenir ese derecho internacional.

Mientras tanto conviene recordar que la causa de Garzón todavía no ha sido juzgada.

Veremos entonces cómo de buena es la democracia española, si aguanta bien tanto golpe en su nombre.

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