Por qué las formas

5 May

Me parece muy saludable que la labor del equipo que se presta a editar la Revista de Feria de Lora del Río esté sometida al debate. Lo mismo pienso de la Cabalgata de Reyes o del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, por poner otros ejemplos de colectivos que trabajan desinteresadamente en beneficio de lo que entienden como positivo para la mayoría de sus conciudadanos.

Claro que puede darse el caso, por otra parte, de que una decisión de la Revista de Feria, de la Cabalgata de Reyes o del Consejo de Hermandades no sea bien acogida por alguien y que ese alguien, faltaría más, quiera expresar su discrepancia. Ya digo, sería hasta saludable. ¿Quiere decir que las decisiones de éstos u otros colectivos no son criticables de ninguna manera? No. ¿Quiere decir que no se equivocan nunca? Tampoco.

Pero Lora no es una excepción a lo que históricamente ha ocurrido en este país: no se sabe discrepar.

Lo grave es que todavía hay quien defiende hoy que las formas suponen un trastorno para el fondo de cualquier asunto. Que es legítimo, por tanto, tener la falsa creencia de que la política merece que alguien dé cuenta de su nulo aprecio por las personas, creyendo que sólo así se podría combatir la hipocresía y la falsedad social. Que en democracia no importan las formalidades. Que el fin justifica los medios. Que sólo existe el negro o el blanco en la valoración de las personas. Que es más divertido ir por la vida pública desperdigando bazofia.

Así que, entiendo, en un ataque de supuesta sinceridad deberíamos festejar que un profesor llamara asqueroso a un padre, o que éste le respondiera al tutor de su retoño que es un cabrito. Deberíamos entonces aplaudir que cualquiera, en su humano enfado, llamara truhán al policía que le multa por aparcar de forma incorrecta (o al revés, que el policía hiciera esto con cualquier ciudadano) y hacerle la ola a aquel aficionado que se acuerda de la madre, la tía y la abuela del árbitro que ha ido a pitar al pueblo y que, pobre de él, se ha equivocado al señalar un fuera de juego. Bien está si es por la espontaneidad o, como pretenden algunos, si sirve para desterrar ese viejo hábito de la cortesía, de pensar las cosas dos veces antes de soltar cualquier barrabasada.

Ya ven, como si el ciudadano no supiera que el escarnio y el oprobio desacreditan a quien recurre repetida y gratuitamente a esta práctica en la que se reduce a una anécdota la importancia de las formas. Como si no fuera evidente que las formas son el estilo. O por resumirlo más: como si la educación no fuera una cuestión de modales, sí, de forma.

Supongo que no hace falta decir que, aunque discrepemos en este punto, yo respeto a quien defienda lo contrario.

Anuncios

4 comentarios to “Por qué las formas”

  1. Pedro 9 mayo 2010 a 8:19 #

    Creo que conozco el fondo profundamene loreño que ha motivado tu articulo.Desde aqui,en esta zona profunda de andalucia reconozco que he seguido el articulo,ya que he estado en profundo contacto con todos los protagonistas implicados en el asunto de marras,en definitiva que los conozco bastante bien.Y he de decirte a las siguientes conclusiones a las que he llegado:
    -En principio me pareció bastante divertido y entrenido que personas formales y en teoria “elite cultural” de nuestra localidad se enzarzaran en dicha polemica y con las FORMAS que empleaba ,al menos una parte del conflicto.Me desconjonaba en mi interior sabiendo lo que pasaba por sus mentes entre escritos,replicas y contraescritos
    -En un segundo lugar y pensandolo mas detenidamente y he llegado a al conclusion de sentido ultimo de la vica (pelicula de Monty Payton,perdona mi nulo ingles) Y OBSERVAR los caminos y las vueltas que da la misma,resumido en el sentido biblico de LOS CAMINOS DEL SEÑOR SON INESCRUTABLES.
    -Por cierto ¿sigues con la blicicleta?

    • Luis M. Carrasco Navarro 10 mayo 2010 a 10:34 #

      Ya me gustaría seguir con la bicicleta (deporte de riesgo en Madrid), y más aún hacerlo con la misma solvencia que algunos de mis familiares, empezando por el abuelo. Gracias por tus observaciones.

  2. Requeteiiii 6 mayo 2010 a 17:59 #

    Coincido contigo, aunque tú sabes lo que responde Boyero cuando le piden que no utilice tantas palabrotas: “Lo siento, los tontos somos así de directos”. Pero Boyero no es político!!! No es del gremio de aquel que llamó “tonto de los cojones” a parte de sus vecinos y que ahora sale con esto (supongo que ya lo sabrás): http://www.20minutos.es/noticia/699217/0/getafe/ordenanza/insultos/

    • Luis M. Carrasco Navarro 7 mayo 2010 a 10:27 #

      Con ese nombre medio camuflado casi me despistas, colega jejeje… La cosa va más allá del uso de una palabrota o una expresión más o menos desafortunada: “tonto de los cojones” dijo él, “hijo puta” dijo ella. Ya sabes… Quiero recordar que en estos casos se pidió perdón. Lo que no compartiría es que vinieran después elogiando su “ocurrencia”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: