Toma, lee

10 May

[Artículo publicado en La Radio de papel, mayo]

Quedó atrás otro 23 de abril, Día Internacional del Libro que sirve para celebrar la invención de la palabra escrita. Como el libro es un vehículo de transmisión de esa palabra escrita, compatible con dispositivos tecnológicos como el e-book, entiendo que esta efeméride hace más justicia a los tiempos (sobre todo venideros) cuando se define como Día Internacional de la Promoción de la Lectura. Entiendo, por consiguiente, que se debe reivindicar la existencia del libro de igual forma que la de los lectores, ya que son dos partes que se necesitan por igual.

Es costumbre que por estas fechas se cite un libro que nos cambió la vida, olvidando a menudo que casi siempre uno se hace lector por mimetismo. Lees porque alguien a tu alrededor lee: un profesor, un amigo, unos padres. Que alguien te diga de pequeño “toma, lee” es una suerte que no conseguirás pagar en vida, precisamente porque la lectura es la puerta para que vivas más. Supongo que soy lector porque hubo alguien que decidió colocar en una estantería las aventuras de Don Quijote en un cómic adaptado para niños o porque me animaron a que pasara una página más de El camino de Miguel Delibes o porque me incitaron a resolver las dudas propias de cualquier estudiante consultando libros.

Más tarde, para devolver algo de esas lecturas familiares que luego fueron mías, me he acostumbrado a aconsejar a esas personas algunos textos. Así ocurrió con una entrevista al filósofo Fernando Savater a propósito de la publicación de sus memorias, Mira por donde, escritas por éste después de visitar por última vez a su madre, enferma de alzheimer, con la intención de “no perder del todo su memoria, la memoria de quien le aficionó a los libros”, ni la suya, la de un escritor que espera “no ser muy respetable” y que escribe y lee “para vivir mejor”. Decía más Savater: “A mí lo que me gusta es leer, es más, hubiera sido lector si con ello me hubiera podido ganar la vida”. Lo recuerdo bien: entré en una habitación de la casa de Lora, donde alguien leía tumbada en la cama, y le dije algo así como “tú también, si estuviese pagado, serías por encima de todo lectora”.

Esa lectora es mi madre.

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Coda para este blog:

El artículo de arriba es, como queda dicho, mi forma de celebrar el Día del Libro o de la Promoción de la Lectura, aunque ganó en vigencia después de que casi me dejara cegado tanto despilfarro iluminador que, supuestamente por el bien de la socialización de la cultura y del análisis textual, conminó a esa lectora que cito a que se esforzara más en sus lecturas. Una recomendación que llegó un pelín tarde. Otra vez será.

Pero termino con lo importante: rescato este artículo de Rosa Montero donde se analiza el proceso por el que nos aficionamos a la lectura. O todo lo contrario, por el que la rechazamos.

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