Si alguna vez me pierdo en Madrid

21 Ago

Si alguna vez me pierdo en Madrid, que me busquen en la Residencia de Estudiantes. Espero que haya suerte en la búsqueda: no es fácil dar con ella. El emblema de aquel experimento de Francisco Giner de los Ríos llamado Institución Libre de Enseñanza conmemora en 2010 el centenario de su creación, aunque a mí me ha llevado hasta sus jardines y pabellones La noche de los tiempos.

Me refiero, concretamente, a la lectura del encuentro entre Ignacio Abel, el protagonista de la novela de Antonio Muñoz Molina, y José Moreno Villa, uno de esos personajes que vuelven a revivir en este libro que sí, como me temía, me tiene atrapado desde el primer capítulo (cuando escribo esto llevo leídas tan sólo unas cien páginas).

Fachada del edificio central de la Residencia de Estudiantes

Este párrafo de La noche de los tiempos:

En la horizontalidad desnuda resaltaba más nítidamente la vertical de un muro que empezaba a levantarse, el perfil ingente y cubierto de andamios de los que serían en no mucho tiempo lo que la gente nombraba como si ya existiera, los Nuevos Ministerios.  Otra ciudad más diáfana que no se parecería a Madrid aunque siguiera llevando su nombre se extendería muy pronto por esos descampados del norte. Islas del porvenir: a su izquierda, al otro lado de la ancha extensión desierta, sobre la fila de árboles muy jóvenes que delineaban como trazos gruesos de tinta la prolongación hacia el norte del paseo de la Castellana, la Residencia de Estudiantes coronaba una colina agreste sombreada de chopos, al pie de la cual estaba la Escuela de Ingenieros y la cúpula exagerada del Museo de Ciencias Naturales.

Al leer esto sentí un poco de vergüenza por no haberme enterado antes de que la Residencia de Estudiantes se ubicaba en ese lugar, tan próximo a donde vivo desde hace más de tres años. No es la primera vez que me ocurre. Es como si nos empeñáramos en no querer ver lo que tenemos más cerca de nosotros.

Desde entonces, he ido varias veces a la Residencia de Estudiantes, renombrada sobre todo porque allí coincidieron, hasta que la Guerra Civil los dispersara, Lorca, Buñuel, Dalí, Severo Ochoa, Salinas, Guillén, Machado o Juan Ramón Jiménez.

Sin embargo, por alguna razón que se me escapa, este oasis de paz en el que se reconoce aún “el patio de muros de ladrillo con las adelfas que había plantado Juan Ramón Jiménez -el verde de las hojas tan ascético como los ladrillos de un rojo apagado-” y donde, al igual que los protagonistas de La noche de los tiempos, uno alcanza a escuchar “con el oído muy atento y los ojos entornados los rumores de la ciudad, que llegaban muy atenuados por la distancia de la colina de la Residencia, como el esfumado en un dibujo, sin la asperaza hiriente de las calles”; sin embargo, decía, no aparece reseñado ni en las rutas turísticas ni en las agendas culturales que, por diferentes canales e instancias, se publicitan en Madrid.

El pabellón Transatlántico, donde se encuentra la biblioteca

A pesar de que la dirección de la Residencia mantiene una actividad cultural caudalosa. A pesar de que allí sigue el piano con el que impartía clases Manuel de Falla o con el que alegraba las tardes el joven Lorca. A pesar de su biblioteca. A pesar de su cafetería y su restaurante. Ni rastro. Su modesta web aparece asociada al CSIC, un complejo físicamente situado al lado de los pabellones que ayudaron a alumbrar la Generación del 27, para muchos la Edad de Plata de la cultura literatura española.

La mañana de agosto en la que descubrí la Residencia de Estudiantes pude caminar con total impunidad por sus desiertos pabellones. Nada de la habitual y protocolaria seguridad que es fácil encontrar en cualquier edificio público. Tan sólo cuando ya me iba, después de leer el periódico en la cafetería, se me acercó una trabajadora del centro para advertirme de que no se podían hacer fotos del interior de la Residencia. Curioso: un aspecto más que refuerza su particular secretismo si se tiene en cuenta que, pongamos por caso, en el Museo del Prado está permitido hacer fotos, siempre que éstas se hagan sin flash.

No sé, quizás sea mejor así. Que la Residencia de Estudiantes no se convierta en uno de esos lugares de peregrinación masiva. En mi caso, en adelante, si alguna vez me pierdo en Madrid, ya sabrían dónde tienen que buscarme.

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2 comentarios to “Si alguna vez me pierdo en Madrid”

  1. Rocio 31 agosto 2010 a 17:41 #

    La verdad es que es un sitio especial, al menos al pasear por sus jardines recuerdas el aroma de Andalucía y eso se agradece al estar lejos de tu tierra, eso y que alguna vez tendré que ir a coger algo de romero y tomillo para mis comidas jajajaj

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