Puesta en valor (y II)

2 Oct

[Publicado en La RADIO de papel, nº octubre]

Todavía existen voces que, confundidas por cierto aldeanismo, equiparan la apuesta por la cultura con lo improductivo. Citamos el mes pasado la rehabilitación del castillo de Alcaudete, en Jaén, como ejemplo de revalorización económica de un pueblo de la mano de la Orden de Calatrava; lo mismo se puede decir de tantos otros municipios españoles que saben cuidar de su pasado histórico para garantizarse un futuro mejor (recientemente he conocido la vigorosa actividad que acoge el majestuoso castillo de El Barco de Ávila). Apuestas decididas, visionarias, que ganan para los lugareños y los potenciales turistas un nuevo lugar de esparcimiento, independientemente de su interés hacia la cultura (también es cierto que se alza mucho bodrio en nombre de la cultura; véase el repaso que hace el periodista Llàtzer Moix en su libro Arquitectura milagrosa).

La potencialidad que guarda el pasado de Lora está ahí. Cualquiera que recupere el guión que la serie de documentales Andalucía es de Cine preparó para este municipio podrá reafirmarse en aquello que se elogia: “Asentada a orillas del Guadalquivir, Lora del Río es una villa de brillante historia y sugestivo presente; perteneció al señorío medieval de la Orden de Malta y sus bellos conventos, iglesias y palacios evocan ese ilustre pasado”. Una evocación a un pasado, quizás, algo disimulado en nuestros días o, cuanto menos, poco rentabilizado.

Que hace falta dinero es una obviedad tan latente que sería ridículo que alguien esgrimiera cuestiones presupuestarias como única razón para dar carpetazo a la posible rehabilitación del castillo de Lora. Antes que de dinero se requiere de voluntad política acompañada de cierta sensibilidad para huir de la estridencia y de los delirios de grandeza, del eslogan propagandístico y del derroche en obras prescindibles. Sólo hace falta volver la vista a buena parte de las inversiones incluidas año tras año en los presupuestos de cualquier pueblo o comunidad autónoma, sin olvidar al Gobierno de la nación.

No olvidemos que la gestión del dinero ha sido siempre un asunto peliagudo para el poder. Mira por dónde, la tesis doctoral de José González Carballo sobre la Orden de San Juan en Lora del Río estudia en profundidad cómo los priores, sin pretenderlo, desencadenaron “un movimiento concejil y vecinal” contra los propios señores feudales. El motivo: el rechazo del pueblo llano a la subida de impuestos para subvencionar el coste de la guerra. “El resultado final de este movimiento social fue limitar el poder señorial y mejorar las condiciones de vida en todo el señorío sanjuanista andaluz, con un claro deterioro, en efecto, de la organización feudal impuesta por la Orden y el inicio de la Modernidad en las villas sanjuanistas andaluzas”, según concluyó el profesor González Carballo en una entrevista periodística.

Ya no hay que financiar guerras al modo de las cruzadas medievales. Pero aquel episodio de los pobladores a los que debemos la existencia de Lora guarda una lectura aplicable a nuestros días. Un motivo más para insistir en el centro de interpretación.

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