Mirar el mundo desde un taxi

8 Oct

Han coincidido en el tiempo dos lecturas que tienen en común el hecho de basarse en una mirada al mundo desde un taxi, con esa extrañeza que causan las coincidencias felices.  Ahora no recuerdo qué fue antes, porque es verdad que llevo varias semanas imbuido “casi obsesivamente” en la literatura de Antonio Muñoz Molina (Rocío suele ironizar con esto; pero qué hacer cuando disfruto tanto con sus observaciones, también en la radio), si ese artículo suyo en El Robinson urbano, “Viajero en la honda noche”, o si la entrada en el blog Cartas magrebíes que lleva por título “Chomsky en un petit taxi“.

Con el artículo de Muñoz Molina no puedo enlazar: se trata del primer libro que publicó este escritor jienense a partir de una recopilación de artículos publicados en Diario de Granada entre mayo de 1982 y junio de 1983. El arranque del texto: “Sé de una hora de la noche en la que todos los taxis llevan un cadáver silencioso en el asiento trasero”. Seguido de ese elogio: “… ofrecen un breve refugio o la posibilidad de una cálida huida”.

“… Al subir en un taxi goza de los placeres contrarios de la quietud y el viaje, de la certeza del destino elegido y el misterio del hombre que ante él respira y cuyos ojos puede sorprender mirándolo por el retrovisor”.

Releo estas observaciones y me parecen que conectan en su esencia con lo que se relata en “Chomsky en un petit taxi”. Ese taxista erudito en Marruecos que, sorpresivamente, reclama tu atención al hablarte apasionadamente de los Aspectos de la Teoría de la Sintaxis. Me acuerdo de mis padres, maestros ambos, concretamente de esa mezcla entre la resignación y la llamada a la acción de mi madre, profesora de Lengua y Literatura, cuando se afana por enseñar sintaxis y uno de esos alumnos del sur de España se atreve a decir en voz alta: “Pero maestra, ¿esto para qué sirve?”.

De alguna forma lo apunté a vuelapluma en un comentario que dejé en Cartas magrebíes. Me parece una demostración de para qué sirve escribir porque, en mi opinión, desvela una doble afición: la de mirar el mundo, atender a lo que ocurre a tu alrededor y, acto seguido, la de acertar a la hora de contarlo más desde el estilo de la crónica que desde los excesos de la opinión.

Es lo que defiende Muñoz Molina, y creo que es la razón última de por qué me gusta tanto este escritor, que en la narración de lo cotidiano es donde mejor se aprecia la textura de un tiempo, de un lugar, de ahí la importancia, muchas veces olvidada, de los diarios o de las cartas (¡incluso de los blogs!) que atrapan el presente.

Me une una larga amistad con el autor de Cartas magrebíes. Lo aprecio muchísimo. Creo que va a entender que termine recordando a Max Aub que, a falta de un blog y de otras muchas cosas más básicas, mantuvo viva su escritura incesante, “aguijoneado siempre por la urgencia de contar lo que había visto” a pesar de ser en vida, como destaca Muñoz Molina en otro de los textos suyos que he leído recientemente, “un escritor sin público”. Apunta Max Aub en su diario el 15 de octubre de 1951: “Escribo por no olvidarme (…) Escribo para explicar y para explicarme cómo veo las cosas en espera de ver cómo las cosas me ven a mí”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: