Hacer pueblo

2 Nov

[Publicado en La RADIO de papel, noviembre]

Los que vivimos en Madrid percibimos la alargada sombra de nuestro alcalde Gallardón: lo mismo te monta una fiesta a todo lujo en la calle de Serrano que, días después, se pone a hacer pucheros por no poder refinanciar su abultada deuda, superior a los 7.000 millones de euros; lo mismo te traslada las dependencias municipales al Palacio de Cibeles para “situarse a la vanguardia del pueblo madrileño” con el precio que la aventura tenga (48 millones en el inicio, 124 en la recta final), aunque se descuide en la retaguardia el pago a las empresas y proveedores de servicios, que acumulan ya de media nueve meses de retrasos. Hablo de Gallardón porque es lo que tengo más a mano, pero su caso es parecido al de muchos ayuntamientos y a otras tantas administraciones que parecen rebelarse a la realidad insondable de que les toca gestionar la escasez. Y que conste que cada vez tengo más claro que el político es alguien condenado a coleccionar desagravios. Por ejemplo: puedes haberte creído que tu sueldo merecía hipotecarte hasta el fin de los días a pesar de tener un empleo acorde a tu escasa formación y, ahora, cuando te descubres sin trabajo te faltan políticos para directamente responsabilizarles de tu coyuntura. Pero ¿quién puede resistirse a desahogarse teniendo a mano a un Gallardón?

En estos tiempos de tristeza generalizada me ha sorprendido descubrir un pueblo que es moderadamente feliz (digo moderadamente porque conviene no idealizar: nadie está a salvo de las críticas, y menos un ayuntamiento que se enfrenta, uno a uno, a  problemas acuciantes). Se llama Palafolls y ha experimentado un crecimiento demográfico en un par de décadas, pasando de 2.000 a 8.500 habitantes, gracias a la calidad de vida que ofrece a sus vecinos a través de equipamientos de primer nivel. Urbanismo basado en una arquitectura racional donde se atiende tanto al aspecto funcional y a la escala de los edificios como al buen gusto y al coste final del producto. En la nómina de este municipio de Barcelona constan un polideportivo y una biblioteca públicos, el primero firmado por Arata Isozaki y el segundo por Enric Miralles. Quien se dé el gusto de leer Arquitectura milagrosa, de Llatzer Moix, descubrirá la historia del que ha sido alcalde de Palafolls todos estos años, Valentí Puig. En palabras del equipo del difunto arquitecto Enric Miralles: “La biblioteca es una obra de apenas 600 metros cuadrados. Espacialmente es pues reducida. Pero conceptualmente es grande. Nos permitió dar un salto adelante, y eso no es algo que ocurra a menudo. Valentí es hombre de ambición desinhibida, y sabe contagiarla. Es constante, perseverante. Su capacidad financiera es muy modesta, pero su talla intelectual es notable. Es también familiar y cercano. Me recuerda a mi padre, que posee viñedos y hace vino. Valentí hace pueblo. Se lo inventa”.

Ahora que los partidos políticos buscan (supongo) inspiración para afinar en sus eslóganes de campaña, éste podría ser un buen reclamo, algo así como “hacer pueblo, construir presente”. Y, ya puestos, también podríamos disuadirnos de nociones narcisistas y buscar inspiración en el talento demostrado por pueblos como Palafolls.

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Una respuesta to “Hacer pueblo”

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