Introducción al jazz

15 Nov

Tiras de la puerta, desplazas la pesada cortina y parece que te has introducido en un submundo. Tienes la memoria contaminada por las lecturas y los discos que has descubierto recientemente, con esa fiebre repentina y quién sabe si pasajera por el jazz, pero antes de bajar los escalones e ir a la barra del Segundo Jazz ya estás viviendo uno de esos momentos únicos que ponen tus sentidos en guardia. Aunque algo distorsionada, suena la música de Jorge Reyes “El Gato” y su banda afrocubana.  El del gorro calado y gesto hierático, ése que toca ensimismado los timbales, ha sido compañero de viaje de leyendas de la música como Dizzy Gillespie o Paquito D’Rivera, también de Celia Cruz, Caco Senante, Luz Casal o Alejandro Sanz, y ahí lo tienes, como el mascarón de proa de un galeón que sólo una minoría sabrá reconocer (yo hasta ayer lo desconocía todo sobre él).

Antonio, Rocío y yo vamos ganando posiciones en la sala del Segundo Jazz, que en la medianoche del sábado está abarrotada de un público que no deja de conversar. Sólo los que se han sentado en las primeras filas, junto a un escenario minúsculo, parecen corresponder a la música que emana del saxo, de la trompeta, del trombón, del piano, del bajo, de la batería y, al fin, de aquellos timbales. Los pases de la banda se intercalan con breves descansos en los que la gente no deja de conversar, en un diálogo tenue pero perfectamente audible. Casi nadie deja de hablar como tampoco de beber y de fumar.

Suena el arranque de una música muy familiar. Hemos conseguido sentarnos frente al escenario, ahora hace más calor y el sonido nos envuelve porque nos llega directamente. La gente se contonea ligeramente siguiendo el compás y Jorge Reyes alarga un solo en el que los timbales sostienen el ritmo. Sus manos atrapan toda la atención mientras se van apagando los sonidos del resto de instrumentos, a excepción de la batería, con quien mantiene un diálogo. Dos mujeres se acercan a Reyes para, con gestos cariñosos, despedirse de él, y éste tarda en reconocerlas y les corresponde con una inclinación de su cabeza y una ligera sonrisa, pero sigue mirándolas cuando ellas enfilan la salida, y parece que la inspiración va in crescendo. La gente ha dejado de hablar, no se oye ni el tintineo de los hielos vertidos por los camareros en las copas, todo el mundo atiende a las manos de Jorge Reyes con la capacidad que tiene el trilero para embaucar a quien se presta al engaño. Apagada también la batería, el único diálogo posible es el que se establece entre su mano derecha y su mano izquierda, con la que es capaz de secarse rápidamente el sudor que empapa su cara mientras intensifica el movimiento con la diestra. Es un lento epílogo para aquella música. “¡Se acabó!”, grita de repente Reyes, rasgando ese acento cubano y enseñando las dos palmas de las manos, con los índices ligeramente levantados, y su público, que llevaba varios minutos hechizado, corresponde con un aplauso entusiasta.

Un momento único nacido de las notas de A night in Tunisia.

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2 comentarios to “Introducción al jazz”

  1. Alberto Lauro 18 diciembre 2010 a 11:05 #

    Jorge Reyes “El Gato” es un músico de la extirpe de los grandes de Cuba en estos momentos.
    Su disco junto a su Afro Cuban Band ( Javier Masó, Manuel Machado, William Paredes, Valentín Álvarez, Ramón González y Camillo Edward), perfecta fusión de Lantin jazz es sencillamente admirable. Alberto Lauro

  2. limewire info 23 noviembre 2010 a 2:42 #

    ah

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