Regalos intangibles

13 Dic

De una entrada de su blog en la que, intuyo, Ramón Lobo intenta escribir a la misma velocidad que piensa, me detengo en lo que dice de la película Biutiful (otra que no he visto): “Es una Barcelona que tampoco sé mirar, como no sé mirar Madrid. Las ciudades son personas que viajan con monumentos a los héroes en la cabeza o con millones de ojos colgando por falta de sosiego y nadie dice: allí va una ciudad soñolienta”. Me pregunto si será eso, que casi nadie sabe mirar, la razón por la que paseando el viernes por Malasaña, por las calles de Fuencarral y de Hortaleza, me invade de pronto la extraña sensación de estar descubriendo una parte de la ciudad que yo creía que ya conocía.

Interior de Tipos infames

Será la metamorfosis de la ciudad. En la búsqueda de Tipos infames, una librería con un par de meses de vida, descubro otros tantos establecimientos y comercios y calles y plazas en los que conviven gentes de un sinfín de nacionalidades y de todas las edades. Es todo un aprendizaje para la mirada. En la Sala Alcalá 31, puedes seguir mirando a través de la cámara fotográfica de Santos Yubero, que sí sabía mirar, sirviendo sus instantáneas como crónica de medio siglo de Madrid.

El viernes camino solo, y todo lo que he visto y disfrutado lo vuelvo a ver y disfrutar al día siguiente, sábado, esta vez acompañado. Hay una parte de Ventanas de Manhattan que capta con la nitidez de una fotografía el placer de descubrir lugares de una ciudad para luego revelarlos como un regalo intangible de la amistad o del amor. “Se puede regalar lo que uno más ama, cierta perspectiva al fondo de una calle, un parque pequeño junto a un puente, un café, un club de música, hasta un instante de luz. Ese regalo intangible enriquece a quien lo ha hecho y se vuelve un tesoro enaltecido por el agradecimiento para el que lo recibe, en un recuerdo y también en la posibilidad de otro regalo. En el lugar estará siempre el que nos lo descubrió y el momento de nuestra vida en el que gracias a su mediación lo conocimos”. Son esos regalos intangibles que nacen de la amistad o del amor, añade Antonio Muñoz Molina en Ventanas de Manhattan, y que “se convierten en parte de un itinerario común, en un regalo mutuo que al mismo tiempo es el mapa de una ciudad y el de un tesoro”.

El sábado en el que volví a andar lo que había andado en solitario un día antes concluyó viendo juntos, una vez más, El apartamento. El último regalo intangible de ese día.

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2 comentarios to “Regalos intangibles”

  1. El Calerín 13 diciembre 2010 a 20:22 #

    La Huerta del Edén está por llegar. Es posible que lo tengamos en casa antes de Navidades. Como tú me decías, este libro está descatalogado y sería raro encontrarlo como resto en alguna librería de Sevilla, pero seguiremos buscando.

    • Luis M. Carrasco Navarro 13 diciembre 2010 a 20:46 #

      Gracias por las “gestiones”!!!

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