Espíritu navideño

28 Dic

Echo las cuentas y ya son cuatro. Cuatro años asimilando las fiestas navideñas con una tregua en el consumo de noticias. La Nochebuena y el día de Navidad los paso en mi pueblo, y luego vuelvo a Madrid; trabajo hasta el día 31, un intervalo de tiempo en el que suele haber una considerable disminución del ritmo de declaraciones y, ay, con ello de noticias, para pasar de nuevo el fin de año y el día de Reyes con mi familia y amigos. Todas las fiestas suponen un paréntesis, una tregua en ese hábito adquirido desde mucho antes de comenzar a trabajar y que me lleva a consumir muchas horas del día pendiente de la información, ávido sobre todo de lo que se dice desde la política. No suele ser fácil explicar que, encima, disfruto con ello.

En mi pueblo es donde aprecio con más claridad hasta qué punto vivimos una época de inseguridades. Se palpa rápidamente en las conversaciones con las personas con las que he pasado tanto tiempo de mi vida, en etapas tan diferentes. Todo aquello que creíamos garantizado plantea en el horizonte el interrogante de si seguirá así o será modificado o borrado por la crisis. Mucha gente me pregunta cómo se ve eso, la crisis, el futuro, desde Madrid.

Tener trabajo vuelve a ser para todos nosotros una preocupación tan básica y azarosa como la salud: nunca se sabe si la enfermedad o el infortunio pueden estar al acecho.

Entre tanta dosis de realismo, de caras familiares que representan la preocupación de quienes tiene que echar números, quienes le han recortado su sueldo o se perpetúan como mileuristas (o ni eso) o los que no ven el final de la espera en la cola de los desempleados, de cuando en cuando conecto con esa otra realidad en la que viven instalados los políticos. Lo veo desde la lejanía, pero no puedo dejar de compartir la esperanza de la racionalidad recobrada. El día 22 se habló de una tregua navideña entre los condenados a no entenderse. Este lunes, 27 de diciembre veo la representación de un cambio de gobierno “ejemplar” en Cataluña. Escucho a un político catalán mostrando un deseo que parece abandonar todas las dosis de artificialidad partidista: “Que la sociedad catalana viva más preocupada por el hacer que por el ser” (…) “Que viva más preocupada por la consistencia que por la esencia, que deje de tener miedos y recelos atávicos y los convierta en esperanza y energía positiva”.

Ojalá que no sea sólo el espíritu navideño. En tiempos en los que los políticos en el ejercicio del poder pierden la popularidad con la rapidez con la que al común de los ciudadanos le asaltan los números rojos al final de mes, cabría no perder de vista que existe al menos una excepción. Lula se despide de la presidencia de Brasil, y no de cualquier forma, como recuerda Ramón Lobo.

 

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