Leer lo leído: Max Aub

19 Ene

El pasado fin de semana ordenamos los cajones donde se acumulaban un sinfín de papeles. En realidad, más que ordenar, tiramos lo que creímos prescindible. Incluyendo mis agendas y los cuadernos de notas que he ido utilizando en los últimos años. Quiero pensar que una de las razones por las que mantengo un blog es por dejar un rastro de lo que voy leyendo, viendo, pensando, sintiendo, y así poder ayudar al reciclaje del papel. No sé exactamente qué motivó el impulso de abrir uno de los cuadernos, de tapas semiduras, oscuras y castigadas, pero el caso es que volví a leer las notas que hace unos meses tomé sobre la marcha mientras leía los diarios de Max Aub.

Foto: ojosdepapel.com

Recuerdo que fui a los diarios de Max Aub interesado en el exilio español tras la guerra civil, un interés que fue despertado por la novela La noche de los tiempos. El autor de esta novela, Antonio Muñoz Molina, escribió uno de los artículos más acertados que conozco sobre este heterodoxo de las letras españolas. Esta mañana he vuelto a leer todas esas notas. Será un problema de mala memoria, pero el paso del tiempo ha hecho que vuelva a ellas como si fuera la primera vez que las leía. Dejo aquí, sin otro criterio que lo que me ha parecido reveladoramente nuevo, una selección de citas de los diarios de Max Aub de una edición de 1998 de Manuel Aznar Soler que obtuve de la biblioteca pública:

Todo pesimista es reaccionario.

El poder es un aglutinante poderoso.

Estar en lo justo, pero nada más de lo preciso. Muy inteligentes, pero nada más. No mucho en nada. Sois tan ferozmente idealistas que sois capaces de acabar con medio mundo.

Sólo se oyen voces de unos vencidos contra otros.

La certeza es la fe; la duda, la literatura.

Para vosotros parece que el extranjero sea un hombre de clase inferior, una manera de ser despreciable.

A pesar de todo cuanto hagan a mi amor propio, no dejo de querer a ciertas personas que me merecen estimación por su inteligencia. ¿Bajeza? En este terreno todas las definiciones son precarias.

Cada hombre se erige su estatua y juzga desde su piedra inmortal de espuma.

La gente traiciona no por un ideal o por propio provecho sino por abandono total de toda indignidad.

Nada duele tanto como la esperanza, cuando la esperanza pende de un hilo.

Cada día el entierro del día anterior.

Sus ataques son tan absurdos que no veo la forma de defenderme como no sea con vanagloria.

Luz sin luz (…) No se sabe si el cielo es una sola nube.

Epitafio del hombre bueno: No se enteró.

Siempre se es de donde se ha aprendido a vivir.

Todo el problema reside en convencerse de que callar es mentir.

Escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir.

En la duda no te abstengas nunca.

El nacionalismo, hez bronca de la época.

La vejez consiste en no hacer lo que se piensa.

Uno vive porque espera que le suceda algo que no sucede.


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