Dación en pago

1 Mar

[Publicado en La RADIO de papel, marzo]

Julio Camba tiró de su habitual ironía para testimoniar el Nueva York de los años veinte en una suerte de artículos que pudieron leer los lectores de Abc de entonces y que hoy llegan a nosotros gracias a La ciudad automática, un libro que vio la luz por primera vez en 1934. La maestría contenida en los textos de Camba es verdaderamente sorprendente, reveladora por su apego al tiempo presente – “Nueva York es, ante todo, el momento presente”, dejó escrito-. Ya ha sucedido el crack bursátil de 1929 y el periodista gallego hace ver que, por absurdo que parezca, en la ciudad estadounidense se preconiza el aumento del gasto en anuncios proyectados antes de las sesiones de cine. “Y en vista de que se gana poco”, apostilla, “se gasta más que nunca”. Sin renunciar a su distancia escéptica de los hechos, Camba atestigua que, al contrario que en España, Nueva York no se achica con la catástrofe. “Si las gentes no pudieran arruinarse aquí de la noche a la mañana, tampoco podrían enriquecerse de la mañana a la noche”, escribe para más adelante concluir: “Cuando se enrique un pobre en España o cuando se arruina un rico parece que se hubiera subvertido no ya el orden social, sino el propio orden de la Naturaleza”.

 

Una vivienda en venta en Madrid/ @luismcarrasco

Era Julio Camba y el tiempo que le tocó vivir. España ahora se debe parecer tanto a Nueva York que somos incapaces de renunciar al despilfarro, deseosos de vivir peligrosamente al borde de la catástrofe. Igual que las autoridades de los EEUU animaban al gasto para reactivar la economía, en la España actual ha calado que el sistema se salvará si mantenemos en buen resguardo a los bancos, verdaderos valedores del susodicho sistema. Por eso la proeza de ciudadanos como José Antonio Langarita, un nombre que un día lees en la prensa y que ya no puedes olvidar, arrastra el viento de cola de la fe en la justicia. Es la justicia la que le ha dado la razón en que devolver al banco su piso hipotecado debería ser suficiente para saldar la deuda, teniendo en cuenta que uno de los pillajes más extendidos es que, oh sorpresa, la tasación por la que se fija el precio del embargo no suele cubrir el dinero prestado por la entidad financiera. Hay sentencias, ya digo, que recogen que el comportamiento de la banca para el tema de la vivienda es “moralmente rechazable”, aunque es cierto que hablamos de primeras instancias en un asunto en el que se transitan caminos inescrutables. Si Julio Camba volviera a EEUU podría escribir que en este país (lo mismo ocurre en Inglaterra, donde también vivió y escribió), al contrario que en España, la devolución del piso al banco liquida el crédito, y que esto se llama dación en pago. Algunos bancos deberían aplicarse lo que Camba escribió de sí mismo a modo de presentación: “Necesito que ustedes no me tomen nunca completamente en serio. Ni completamente en serio ni completamente en broma”.

*****

Nota para este blog: Con el respeto atemorizado que mantengo a cualquier experto en manejar números que hable con aplomo sobre la economía, desenvolviéndose enérgicamente en el mundo real y en esos oficios cargados de futuro, dejo los enlaces a las informaciones que podrían dibujar un cambio de paradigma en el mercado inmobiliario español: aquí, aquí o aquí.

 

Reflejo de edificios en Azca, Madrid/ @luismcarrasco

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