Programar lo obsoleto

15 Mar

Quizás una de las enseñanzas ocultas de nuestros abuelos sea su capacidad de inventiva para aprovechar todo lo que tengan a su mano. Un cartón de leche se convierte en un moderno tupperware simplemente cortándolo por la mitad y, de esta forma, de una olla de lentejas se puede guardar y congelar un plato que te sabrá a un manjar el día que no hayas tenido tiempo de cocinar. No se tira nada o, al menos, sólo se tira lo que realmente es inservible. Antonio Muñoz Molina reflexiona hoy en su blog sobre la “Ética del no hacer“, destacando una idea: “Si hay remedio para la catástrofe ambiental que ya está sucediendo en el mundo no vendrá del rechazo de la tecnología sino de su empleo inteligente, guiado por audaces decisiones políticas, por cambios radicales pero no dolorosos en el comportamiento de todos los días”. Uno de los comentarios surgidos tras esta entrada recomendaba un documental, “Obsolencia programada: comprar, tirar, comprar“, emitido en España por la cadena pública y que, tras verlo casi sin pestañear, creo que debería proyectarse en las escuelas (públicas o no). También debería, de paso, hacer que volviéramos la vista a la forma de vida de nuestros abuelos, y no ser tan engreídos como para pensar que ellos pertenecen a un mundo antiguo, a todas luces mejorado y, felizmente, sin vuelta atrás.

El documental, con un guión digno de la mejor película de suspense, comienza y termina con la decisión de un joven barcelonés al que aparentemente se le ha estropeado su impresora y que, en una demostración de su capacidad de inventiva, decide no hacer caso a las recomendaciones de los técnicos para desprenderse de dicho aparato y comprarse otro. Lo que descubre por el camino se resume en una palabra que no está registrada en el diccionario de la RAE: obsolencia; obsolencia programada.

Por la pantalla van desfilando científicos, abogados y expertos que desarrollan la cuestión a partir de artilugios que, como la impresora, forman parte de la vida de cualquier persona: la bombilla, las medias que suelen usar las mujeres, electrodomésticos como el frigorífico. En el minuto 33 del documental se presenta el caso Westley contra Apple. “Estaba sin blanca y me compré un iPod que valía unos 400 o 500 dólares”, explica un joven. “Unos 8 o 12 meses después, se le murió la batería. Llamé a Apple para que me cambiaran la batería y su política por entonces era decir a los clientes que se comprasen otro iPod”.

De aquí surgió una acción callejera de denuncia contra el gigante tecnológico, al parecer con especial repercusión en internet (yo no conocía hasta hoy esta historia), que luego derivó en una demanda colectiva. Conclusión: el juicio acabó con un acuerdo en el que Apple recompensó económicamente a los afectados (¡será por dinero!) y, quizás lo más importante, con un compromiso de desarrollar productos que no estuvieran soezmente fabricados para una vida útil premeditada. Es decir, no programar lo obsoleto para incentivar el consumo, y menos si alardeas de ser una empresa socialmente responsable con el medioambiente. ¿Cambió Apple a partir de aquella demanda?

Lo más interesante del documental es que envía un mensaje optimista en el que se vencen las resistencias de las viejas industrias, demostrando, por ejemplo en el caso de una fábrica textil, que se puede imitar a la naturaleza y producir sustituyendo los residuos por los nutrientes para otros organismos o, en este caso, para otros productos de consumo. La solución, efectivamente, vendrá del empleo inteligente de la tecnología, como decía Muñoz Molina, como hacían o hacen nuestros abuelos a su forma.

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Una respuesta to “Programar lo obsoleto”

  1. Lillie 1 diciembre 2015 a 0:20 #

    Using a vintage 1979 Asteroids arcade game, Mc – Allister played 58 long hours.
    He no more time performs as a pediatriciaan since he recognized he loves youngsters, not sick, abused, and neglected small
    children. But De – Jesus, no stranger to Team Pacquiao as he was Manny’s more than adept cutman the night the Pinky Idol took a wicked head butt in a March 19, 2005, decision llss to
    Mexican icon Erik Morales, is a Bronx boy.

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