Lumbreras

4 Abr

[Publicado en La RADIO de papel, abril]

Poco después del Día de Andalucía vi un documental que mostraba la sosegada y modesta efervescencia que rodea a un guitarrista, Paco de Lucía, que ha optado cuando no está de gira por alejarse de su probada genialidad y vivir en un lugar costero de México. Es un andaluz nacido en Algeciras, pero qué poco españoles son su humildad, su pudor, sus silencios, su discreción, su sosiego o su constancia en el trabajo. Reconoce que es un enamorado de su tierra, aunque es evidente que no piensa que algo tan azaroso como el lugar de nacimiento confiera ninguna singularidad inamovible, y mucho menos un rasgo de superioridad.

Aparte de para descansar, quizás Paco de Lucía tome cierta distancia de las cosas para saber mirarlas, valorarlas. No sé hasta qué punto sabemos apreciar ejemplos así por ser diametralmente opuestos al de la exalcaldesa de Málaga que quiere hacer bromas llamando “tontitos” a los discapacitados y que luego, cuando es advertida por su falta de tacto, invoca las raíces para justificar su torpeza: “Es que en mi tierra se habla así”. Una confusión parecida a la de la exministra que quería que todos viéramos únicamente un ataque a la sacrosanta patria en lugar de reconocer lo evidente, que era ineficaz en su desempeño al frente del Ministerio de Fomento. Cuánto tiempo se pierde, Andalucía en concreto, en la defensa de los falsos agravios. Una tierra con avances reconocidos, sí, pero también con retos tan comunes como apremiantes, la educación, la sanidad, la sostenibilidad de su riqueza medioambiental y cultural, y que aún así tiene que padecer debates vergonzosos en torno a los subterfugios de los ERE falsos que, incompresiblemente, delatan algo tan grave como que, en un país donde las políticas activas de empleo están transferidas a las comunidades autónomas, existen más recursos centrados en la red de ayudas públicas para el (supuesto) desempleado que en lo más urgente hoy, la creación de empleo.

Ahora pienso que una de las lecciones de ese documental es que Paco de Lucía demuestra saber vivir sin cometer el error de lumbreras que buscan la perfección, la maestría, la excelencia, y que terminan en una encrucijada de imperfecciones, cuando no directamente abocados a la autodestrucción. Los andaluces deberíamos cuidarnos mucho a la hora de aplicar esta enseñanza a nuestro presente.

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