El tiempo del niño Fernán Gómez

14 Abr

Tenía vagas referencias de aquel libro de memorias. Memorias, a pesar de que la forma de llamar a esto fue motivo de uno de los pasajes más divertidos de El tiempo amarillo, un compendio de recuerdos del inolvidable Fernando Fernán Gómez. Vi el libro en la biblioteca y recordé las alabanzas que lo señalaron como una de las mejores memorias publicadas jamás en España. También acababa de ver poco antes la película documental La silla de Fernando, igualmente recomendable, sobre todo para recrearnos en el placer de la conversación de alguien con una vis cómica sin parangón.

Foto: Cineol.net

Reconozco que en el mes que tuve El tiempo amarillo en casa, antes de que venciera el plazo y lo tuviera que devolver a sus estanterías, leí caprichosamente algunos capítulos, no todos; pero entre ellos tuve la suerte de leer el comienzo de la primera edición y, sin ser consciente, también el principio de la reedición de estas memorias. Fue en esta segunda parte en la que me sorprendí, una madrugada, aguantando las carcajadas para no despertar a quien dormía en la habitación contigua. Fernán Gómez reeditaba El tiempo amarillo, daba a entender, debido a que tenía que aclarar algún debate generado, sobre todo entre sus próximos, tras dar la versión… ¡de su propia vida! Así de caprichosa es la memoria: el mismo hecho es normalmente recordado de forma discordante por dos personas.

No tengo aquí el libro y no quiero destripar el contenido del mismo. Lo mejor sería volver a leerlo. Pero recuerdo que Fernán Gómez vuelve sobre sus páginas, recreándose cómicamente en ese estilo altivo que le dio fama. “Página tal”, dice por ejemplo, “donde dije la calle no sé qué, quería decir…” Y así sigue, improvisando una suerte de disculpa pública por los caprichosos de su memoria,  incluso llega a señalar una página para reconocer a continuación que en la relectura había advertido algún error pero que, ahora, después de pararse una y otra vez, no recordaba cuál era el fallo. “Dejo constancia por si algún lector atento me hace el favor de dar con mi error”, viene a decir.

Otro de los pasajes imperdibles es en el que desvela, estando en el rodaje de Belle Époque – donde reconoce que disfrutó tanto-, el método que sigue para meterse en el papel de sus personajes.

Con un tono aparentemente más protocolario, y es aquí donde yo quería llegar, Fernando Fernán Gómez comienza El tiempo amarillo recordándose a sí mismo en la ceremonia de entrega de ahora no recuerdo qué premio, con la asistencia al mismo del Rey. La memoria de Fernando va de aquí a los primeros recuerdos de su niñez, en una calle del barrio de Chamberí del Madrid que, cuenta él, recibía con un entusiasmo popular desbordante la proclamación de la II República, hoy hace 80 años.

Para mí, ni más próximo ni menos cercano. 80 años de aquel hecho histórico, el tiempo del niño Fernán Gómez. Y de tantos otros.

*****

Ya que hablábamos antes de La silla de Fernando, dejo aquí un famoso “trocito” (con el fondo musical de Caminito); famoso porque el tiempo parece empeñado en darle la razón en la advertencia contra “las manos que se han apoderado del futuro de todos nosotros”:

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Una respuesta to “El tiempo del niño Fernán Gómez”

Trackbacks/Pingbacks

  1. El Duende de verano (9) Sorpresas en Edimburgo « El Duende de la Radio - 2 septiembre 2011

    […] sus jugosas memorias que tituló El tiempo amarillo, Fernando Fernán-Gómez cuenta cómo imaginaba la ciudad a la que iba a hacer su primer viaje […]

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