Realidad aumentada

28 Abr

Primero días con el iPad, al fin ajustado a la medida de mis dedos, y ya tengo la impresión de haber accedido a la realidad aumentada. De pronto, conecto con la actualidad, incluso a la más trivial, sin duda para comprobar hasta dónde llega la utilidad del aparato recientemente adquirido. Me alegro la vista con revistas (?) como IMAG, pensada originariamente para el entorno de las tablets, y así sigo de aquí para allá, lo mismo integrando todos mis perfiles de las redes sociales en una aplicación que leyendo plácidamente poesía (¡poesía!) en el iBooks. Lo he dicho y lo repito: si no quieres un iPad, lo mejor es que no lo uses. Por cierto, ya sé de qué hablaban cuando invocaban esa palabreja, usabilidad.

Una invitación a seguir leyendo con una experiencia infinitamente más completa: lees, anotas, subrayas, consultas dudas, copias y pegas, enlazas o completas la información con galerías fotográficas, vídeos e infografías. Pese a que a mí me sigue pareciendo el libro de papel un artilugio tremendamente moderno y cargado de futuro, debo reconocer que me he distanciado notablemente del placer, tan cercano al romanticismo, que yo asimilaba con leer la prensa en papel.

Pero una cosa es que no te manches los dedos de tinta y otra que el hardware sirva por sí solo para embellecer lo que se tiene en este país como actualidad. La brecha digital es también la diferencia cada vez mayor entre el soporte y el contenido. Me sirvo de Orfeo Suárez, cronista deportivo que leeré siempre con independencia del formato en el que aparezcan sus artículos, para corroborar que, efectivamente, existen discursos que necesitan urgentemente de un tratado de psicología colectiva. Sale en rueda de prensa el técnico del club más laureado de la historia del fútbol y… lo que sigue es la negación, igual que hiciera en el terreno de juego, de la única verdad que puede pasar por indiscutible de este tiempo futbolístico: en este deporte, el romanticismo del que hablábamos antes lleva el sello del FC Barcelona, a quien acusa de ganar vergonzosamente, sin merecimiento.

Me recuerda a una importante dirigente de un partido político que anda estos días enfrascada en una ardua discusión a propósito de la imparcialidad de TVE porque cree que ni ella ni sus compañeros merecen el trato dado en asuntos como la trama Gürtel. En este caso invoca la objetividad, esa palabreja asociada tradicionalmente al periodismo. Me ha parecido muy acertada la reflexión de Arcadi Espada, a pesar de que la mayoría de las veces sigo sin entenderle (será un problema de mi software): “La primera lección que dan en las clases de periodismo españolas es que la objetividad no existe. Lo que sin duda representa un alivio para el lacio alumnado. ¡Un trabajo menos!”.

La objetividad no existe, y bien que se aprovechan de ello, entre otros, el entrenador de fútbol y la dirigente del partido político para llevar a su terreno a las masas, pero eso no quiere decir que no se pueda detectar la coherencia, la decencia. Cada vez más soportes para acceder a la actualidad, cierto, pero no serán aprovechables si nos limitados a ver la realidad por los ojos de los especializados en distorsionar cuanto acontece.

*****

Actualizado a las 16.53 horas:

Para descargo de la prensa que se abstiene del seguidismo absoluto que supondría escribir por boca del fulano de turno, y también en respuesta a algún allegado que mantiene que todo Madrid es una unidad de destino, dejo a continuación algunos enlaces que dan prueba de al menos cierta independencia:

Ejemplo primero, una crónica del partido de semifinales en la que se alude al equipo local como “raquítico” por la propuesta de su entrenador, “un negociante de marcadores”.

Ejemplo segundo, documentación que pone en evidencia la “frágil memoria” de quien dijo que le daría vergüenza ganar como su rival anoche.

Ejemplo tercero, reprimenda (en diciembre de 2010) desde las páginas del periódico acusado de ser algo así como el boletín oficial del equipo entrenado por la misma persona que aquí es tildada de “consentida”.

Y así podríamos seguir, porque donde yo quería llegar era a la opinión de un madridista como Carlos Boyero al ser preguntado en un chat por el aludido entrenador: “El problema es que le contrataran. Lord Darth Vader está muy nervioso, se le acaban las excusas. Sus calumnias solo pueden aceptarlas los débiles mentales. A mí me provoca un asco notable este profesional de la manipulación. Representa todo lo que no me gusta en el fútbol y en la vida. Mi sueño para el Real Madrid es que lo entrenaran Cruyff o Guardiola. Por supuesto, me manejo en el terreno de la utopía. Tuvo un entrenador excelente llamado Vicente Del Bosque. Le echaron después de ganar dos Copas de Europa porque no daba la imagen estética que buscaba el Madrid. Una decisión más trágica que cómica”.

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