Clientes cibernéticos

10 May

Tiene que ser verdad que estamos en el comienzo de internet y que, por esta razón, industrias y clientes deben encontrar el acomodo para convivir. El fin de semana tuve dos experiencias de cómo de escurridizo está siendo la consabida transición de los mercados. En el DVD-Club del barrio, por ejemplo, el propietario (gran tipo, no me cabe la menor duda) se sinceró con un cliente que simplemente le había preguntado si sabía cuándo se podría alquilar El discurso del Rey. Aquí estalló el propietario del negocio: poco menos que se estaba fraguando una revuelta como la de la Plaza de Tahrir de El Cairo ya que, según dijo, la productora de la oscarizada película había decidido que este producto se comercializara antes por las plataformas de alquiler/venta de internet. Y luego llegarían a los DVD-Club. “Pues luego”, advertía nuestro dependiente, “ya veremos si nos conviene a nosotros”.

El problema se resume, quizás, en el choque de conveniencias entre usuarios e industrias. Algo parecido me ocurrió al día siguiente en uno de los grandes almacenes de venta de libros; de libros en papel.  

Libros apilados en uno de los puestos de la Cuesta de Claudio Moyano/@luismcarrasco

El diálogo con un dependiente de la Casa del Libro derivó en lo siguiente: 1) La forma legal de adquirir un libro es a través de Libranda, la plataforma lanzada por las grandes editoriales españoles a tal efecto; 2) Libranda plantea serios inconvenientes si se accede a ella con el iPad o el Kindle, “juguetitos” (sí sí, así los llamó) de Apple y Amazon no compatibles; 3) Es cierto que Libranda está recibiendo numerosas críticas de los usuarios-clientes y que escritores como Lorenzo Silva ya se han rebelado al no entender cómo no se tiene en cuenta que,  en plabras de Juan Varela, “la usabilidad y facilidad de comercialización -diferenciando entre venta y alquiler, por ejemplo- es clave para cualquier negocio”.

Tuiteé mi experiencia a la vez que he ido buscando información que diera respuesta a mi intriga: ¿por qué motivos es tan complejo pagar (ojo: ¡¡pagar!!) por un libro digital para que éste sea leído en alguna de las plataformas creadas a tal efecto en iPad o Kindle? La respuesta tuitera ha sido algo así: la cuestión es tan compleja que no se puede resumir en 140 caracteres. Pero sí se puede llegar a una conclusión: las editoriales españolas gestoras de los derechos de autor de esos libros mantienen un pulso con las principales marcas tecnológicas, con acusaciones recíprocas (monopolio tú, monopolio yo) y el cliente queda en medio a la espera de que se obre el milagro del entendimiento. También es posible que, harto de esperar, se vaya a ese otro mercado (ilegal, dicen) que no entiende de derechos.

Eso mismo es lo que dijo otro escritor escamado, Juan José Millás, en esta columna memorable:

Resulta increíble que las editoriales más grandes de nuestro país hayan creado una plataforma gigante de libros digitales cuyo objetivo parece ser el de no vender libros digitales. El problema es que lo disimulan porque usted no se da cuenta de que no quieren venderle hasta el quinto o sexto paso, o hasta la quinta o sexta librería cibernética. Entonces, cuando ya está a punto de estrellar su iPad contra el suelo, llega el típico cuñado listo y le aconseja piratear el libro, que es coser y cantar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: