“Que no nos representan”

18 May

A las ocho de la tarde, exactamente, un coro de voces se alzó al unísono en la Puerta del Sol con un lema que parecía resumir la indignación allí concentrada: “Que no, que no nos representan”. Estuve toda la tarde en el centro de Madrid. Lo que yo vi: muchos jóvenes, sí, menores de 35 años, y parejas con su bebé, inmigrantes, personas que por edad están más próximas a la jubilación, algunos con mochilas y con carteles y consignas altermundistas y otros enchaquetados que se identificaban ante la prensa como funcionarios, abogados o comerciantes. 

Algunos de los 'indignados' en Sol /@luismcarrasco

Las redes sociales han conseguido que el malestar se manifieste en la calle, en Madrid y en otras ciudades, bajo el común denominador de una crisis de representación que mal harían los profesionales de la política en minimizar. Es posible que empiece afectando a los partidos de centro-izquierda, pero el sedimento de la protesta quedará ahí: es previsible que el ciudadano ya no aguante más rescates financieros, más recortes sociales, más abusos por parte de un sistema que parece primar ante todo el beneficio de unos privilegiados. Cuanto mayor sea la ceguera de los partidos políticos, mayor será la quiebra de eso que se viene llamando paz social.

Muchas de las voces apuntaban a los políticos y a los banqueros, pero también hubo mensajes para los sindicatos: “Dónde están, no se ven, Comisiones y UGT”. Es verdad que se trata de una manifestación muy diversa, heterogénea en las reivindicaciones, pero los sindicatos e instituciones similares deben tomar nota: desde el domingo 15 de mayo ha salido a la calle mucha más gente (que, al fin y al cabo, defiende sus derechos) que la que consiguen movilizar ellos cada 1º de Mayo. Es probable que si quieren mantener su influencia y seguir representando a alguien en el futuro tengan que optar por reducir la dependencia de las subvenciones públicas y gestionar las aportaciones económicas directas de sus sindicados para, de esta forma, recuperar la credibilidad.

Pero los sindicatos son sólo un ejemplo. La indignación también es contra la permisivilidad de la corrupción política,  por algo los políticos aparecen en las encuestas del CIS entre las máximas preocupaciones de los españoles. Se trata de una crisis de confianza profunda hacia los representantes públicos. Y aún así, mi percepción es que era mayoritario el llamamiento a votar y a particar en la política (¿qué era si no lo que hacía la gente en la calle?).

Yo estuve ayer cinco horas en la Puerta del Sol: vi la indignación, pero sobre todo vi (tienes que estar muy ciego para no querer verlo) a ciudadanos que no confían en políticos, banqueros, medios de comunicación, etc. y que por esta razón repetían una y otra vez que la suya era una protesta “pacífica y honesta”.

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