Activismo

1 Jun

[Publicado en La RADIO de papel, junio]

El protagonista de la sugerente Medianoche en París, la última película de Woody Allen, viaja en el tiempo hasta los años 20 para encontrarse en esta ciudad con sus admirados escritores y pintores. Carcomido por las dudas justo antes de celebrar su boda (perdonen la intromisión, pero ¡qué cosas ocurren en el cine!), este hombre del siglo XXI se ve pidiendo consejo a Dalí o Buñuel, a quienes les llega a espetar: “Pero vosotros sois surrealistas, yo soy sólo una persona normal”. La broma se asienta sobre una de las preguntas eternas: ¿qué tenemos por normal?  

'Indignados' de la Puerta del Sol muestran una pancarta: "Tu voto es su beneficio"

En política, por ejemplo, se ha tendido a ver como normal que los partidos se conviertan en algo así como una nueva aristocracia que, en su burbuja artificial, se aproximan más a una agencia de colocación, concentrados unos y otros, eso sí, en cruzarse mensajes insulsos que silban como balas por encima de las cabezas de los ciudadanos. La tónica general ha sido la del dispendio del dinero público en cuestiones obscenas si se compara con el sufrimiento de tantas miles de personas desempleadas que, además, contemplan el progresivo deterioro de la educación y la sanidad públicas o la inclusión de candidatos salpicados de alguna u otra forma por la corrupción. Ejemplos de una normalidad sinónimo de la más ramplona vulgaridad.

Hay quien ve la realidad tan exclusivamente desde el partido político de sus preferencias que cree que basta con cambiar uno por otro para, catapún, dar paso a la felicidad plena. Allá cada cual con sus creencias. Yo estoy más cerca del hartazgo que se ha manifestado en la Puerta del Sol y en otras tantas ciudades y pueblos, con toda esa carga de reivindicación de una ciudadanía crítica, vigilante de los poderes políticos y empresariales. Se votó el día 22 porque, pese a que costó conseguirlo, es el mayor rasgo de normalidad democrática, y volvimos a ver felicitarse a los profesionales de la política, presidentes, alcaldes y cargos electos.

Pero en la calle surgen las preguntas: ¿No ha llegado el momento de fijar un límite, tal vez ocho años, para que una persona pueda desempeñar el mismo cargo político y, de esta forma, facilitar la democracia interna y evitar otras tentaciones? Si no hay dinero para todo, ¿no deberían autofinanciarse con las aportaciones de sus socios o simpatizantes tantos partidos políticos, sindicatos, asociaciones, organismos e instituciones? La política sigue siendo, en una adaptación de lo dicho por el personaje de ficción de Woody Allen, un terreno abonado para el surrealismo, a pesar del creciente número de personas que reivindican el activismo cívico como un rasgo de normalidad democrática al menos tan importante como el derecho al voto.

*****

Aquí un artículo en el que se aportan datos de hasta qué punto está arriagada esa idea de “agencia de colocación” en los partidos políticos, en este caso visto por el perdedor. Con frases míticas: “Los concejales liberados forman parte de nuestra red y esa red se ha debilitado”; “Solo se salvarán los que estén a muerte conmigo”; etcétera.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: