Nunca duerme

5 Sep

[La RADIO de papel, septiembre]

Ahora miro atrás y entiendo que aquella llamada telefónica a una hora en la que uno suele estar durmiendo, incluso si se encuentra en su viaje de novios en la ciudad que nunca duerme, era un preaviso que, cual fogonazo, me alertaba de lo que todos seremos mañana. En el futuro seremos deuda. Una voz femenina me soltó a la velocidad de la luz un discurso que incluía un saludo de cortesía y el siguiente apercibimiento: “Usted tiene un descubierto de 89 euros y debe pagarlo antes del 27 de julio”. Tras incorporarme de la cama y mojarme un poco los labios, acerté a preguntar a mi amable interlocutora quién era. Llamaba de una empresa impronunciable (¿qué empresa moderna puede ir por el ancho mundo llamándose, como antaño, La Tabacalera?) que, a su vez, era y seguirá siendo a estas horas una “aseguradora” de un banco. Cosa seria. Al preguntar, extrañado, cuál era el banco en el que tenía el descubierto fue cuando la cosa pasó de seria a broma pesada: el descubierto se había generado, mire usted, en una cuenta de una sucursal de Lora del Río… ¡de un banco del que dejé de ser cliente en agosto de 2008! No es que tenga una memoria prodigiosa. Así consta en dicha entidad, a donde tuve que ir varias veces toda vez que la voz femenina de esa “aseguradora” (“empresa externa”, me dijeron luego, en otra apropiación del querido lenguaje profesional) seguía llamándome y despertando de mis sueños de verano a eso de las ocho de la mañana. “Le recomendamos que pague y luego reclame”, era la consigna, a la que seguía el siguiente diálogo: “¿Va usted a pagar?”. “No”. “Le recomendamos que…”. No es que a mí me apetezca dar publicidad de un espíritu indómito del que carezco, es que la entidad a la que yo tenía que pagar esa deuda (sic) ya me había reconocido el engorro, a saber: efectivamente, constaba que yo había dado la orden de cerrar una cuenta bancaria en agosto de 2008, pero la cuenta se había dejado a cero al parecer por aquello de la importancia que tiene sumar clientes  en los resultados trimestrales o anuales; de cero euros, con una capacidad de reproducción que ya quisiéramos como rentabilidad para nuestros ahorros, esa cuenta había autogenerado solita en los últimos tres años unos intereses a cargo de unas tarjetas de crédito que jamás activé o por los costes de envío de cartas, a una dirección en la que no vivo desde hace años, y en las que, a falta de movimientos, supongo que me felicitarían por mi cumpleaños. 89 euros y creciendo mes a mes.

En parte gracias a la intervención de los empleados de ese banco en Lora, el malentendido se ha resuelto. He intentado devolver a la “empresa externa” la llamada (a una hora prudente, eso sí) para darle la buena nueva, pero no he tenido suerte: se ve que tienen mucho trabajo. En cualquier caso, no he tenido que pagar la deuda al banco que dejó de ser mi banco hace tres años. Otra cosa es que desde entonces duerma tranquilo.

*****

Apuntes para este blog.

Una información para contextualizar el estado de la cuestión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: