Un barrio por descubrir

4 Nov

Delante de mí camina un hombre con paso decidido a pesar de la enorme losa que soportan sus hombros. No es ninguna metáfora. Con él viaja un instrumento musical aparatoso, herméticamente cerrado en una funda de pasta dura. Puedo adivinar que se trata de un violonchelo. 

Está lloviendo y, para salvar el mástil del instrumento, este hombre tiene que elevar el paraguas dos o tres cuartas por encima de su canosa cabeza. Visto por detrás, la estampa resulta un tanto cómica. “Hasta el lunes, profe“, le dicen algunos niños cuando éste abandona el centro cultural que lleva por nombre el del poeta Antonio Machado.

Es el mismo centro cultural que he visitado yo por primera vez este viernes lluvioso en Madrid. Un edificio con planta circular, rodeado de torretas de edificios que destacan por su grisura insustancial. Un entorno anodino que contrasta con un espacio cálido en el que las voces de los niños, que por un momento me retrotraen a los pasillos del colegio de mi infancia, se confunden con los sonidos de unos instrumentos en el bello y titubeante ejercicio que requiere el aprendizaje de la música.

En el centro cultural Antonio Machado de mi barrio no hay rastro de lo que se conoce como glamour, es decir, no se ven mesas ni sillas ni lámparas de diseño; todo es funcional, cada espacio se aprovecha al milímetro para colocar una estantería repleta de libros o para acondicionar una sala donde un grupo de diez o doce chavales ensayan con sus flautas, sus saxos o sus violines. El centro cultural Antonio Machado es biblioteca y es escuela de música, y seguramente dará cobijo a otras tantas actividades que hoy no me ha dado tiempo a descubrir.

Uno de los mayores placeres cuando uno se muda de casa cada cierto tiempo, como es mi caso, es salir a la calle al encuentro de esos espacios que rápidamente pasarán a formar parte de tu rutina diaria. El supermercado, el parque, el quiosco con la prensa, la panadería, la peluquería, el chino que te venderá aquella cosa que olvidaste comprar y que necesitas con urgencia. Pero hay otros tantos edificios que yo siempre busco porque me dan la señal inequívoca de que ese barrio está vivo: los colegios, el centro de salud y la biblioteca o centro cultural.

Quizás por ello, y ante el futuro que podemos adivinar, me gusta tanto encontrarme con artículos en la prensa que reivindican estos espacios públicos que son verdaderos emblemas de progreso social y de aliento de los sueños comunitarios de mejora. Aquí un ejemplo.

Las bibliotecas, por su carácter abierto y hospitalario, son espacios de un alto contenido simbólico. Representan la idea de acogida, de adquisición de cultura, de posibilidad de conocimiento. A menudo su trascendencia se percibe con más claridad cuando falta. Un barrio sin biblioteca, como un barrio sin escuelas o campos de deporte, parece incompleto, menesteroso, privado de lo elemental. En cambio, la inauguración de una biblioteca otorga a cualquier lugar un rasgo de excelencia, de sentimiento de modernidad, de normalidad ciudadana.

Fachada del centro cultural Antonio Machado/ Foto: panoramio.com

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