Cuánto cuesta qué

27 Nov

El viernes visitamos el servicio de urgencias del hospital más cercano de casa, el Gregorio Marañón. Eran en torno a las seis de la mañana y antes habíamos ido a dos ambulatorios cercanos a casa, ambos cerrados. Que uno estuviera enfermo, con dolor de garganta y fiebre ascendente, no impide que fuésemos conscientes de que aquel ir y venir por los centros de salud del barrio era culpa nuestra: nos acabamos de mudar y entre las varias gestiones que hemos realizado no se incluye la del trámite para la asignación de nuestro médico de cabecera. 

Probablemente fuera motivado por la hora pero, contrariamente de lo que suele ser habitual, no había absolutamente nadie en la sala de admisión de las urgencias. Nos atendió rápidamente una enfermera, diligente y austera tanto en palabras como en gestos, desde el otro lado de una mampara que dificultaba, junto al zumbido de la calefacción, que nosotros oyéramos sus preguntas y ella nuestras respuestas. La atención fue correcta, acorde al servicio que debe prestar un hospital público del prestigio del Gregorio Marañón, lo que no quita que surgiera alguna dificultad añadida con la aplicación informática cuando la trabajadora nos reclamó reiteradas veces cuál era la comunidad autónoma de la que procedía la enferma.

Salvando las distancias, me acordé del conflicto surgido en la frontera entre La Rioja y el País Vasco, y que ha tenido su continuidad estos días.

Creo que todos somos, por la cuenta que nos trae, defensores de servicios públicos como la sanidad, la educación o el transporte ferroviario. Todos exigimos calidad, puntualidad, eficacia. En lo que quizás no coincidimos todos es en la forma de defender la sostenibilidad de estos servicios. Solemos reaccionar como reacciona quien entiende que le han sido hurtados sus derechos más fundamentales cuando juzgamos que estos servicios han sido deficientes, pero otras tantas veces, no sé si la mayoría, olvidamos que una atención sanitaria como la que recibimos aquella madrugada tiene un coste, el que sea, que sufragamos solidariamente toda la sociedad.

Yo no soy partidario de establecer copagos sanitarios, como plantean algunas comunidades autónomas que tienen la desvergüenza de seguir derrochando dinero en cuestiones como una red de embajadas en el exterior que no se sabe muy bien qué papel ejercen; pero sí creo que es muy pedagógico que cada ciudadano conozca qué coste tiene cualquier atención pública. En el centro de salud y en el hospital, pero también en la escuela, en una asistencia de los bomberos tras un incendio o en la atención en carretera de la Guardia Civil en un día de nieve.

Había dejado a medio escribir este post, pero lo he completado después de leer este artículo.

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2 comentarios to “Cuánto cuesta qué”

  1. Jocelyn Rakoseum 27 diciembre 2011 a 11:47 #

    En cierto modo me ha recordado, salvando las distancias, a mi periodo como redactor en el medio digital “La Democracia“.

  2. Alexis Pasagrante 20 diciembre 2011 a 14:48 #

    Salvando las distancias, me recuerdan a los pobres pibes que usaban las Nike, Reebok o All Star truchas en mis d as de secundaria.

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