Megaupload y algunas almas cándidas

20 Ene

Algunas almas cándidas celebran que el cierre de Megaupload devolverá las ganancias a la industria que gestiona los derechos de autor de los artistas. Creen que su modelo de negocio está garantizado porque la operación del FBI pone fin a que las películas y el resto de contenidos sea descargados ilícitamente en la red. Seré el mayor ignorante de este mundo, pero lo que leo por aquí y por allá no me ayuda en mi intento de irme a la cama cada noche (madrugada, en mi caso) siendo un poco menos tonto. 

Atendiendo al tren de vida que llevaba el jefe supremo de Megaupload, el tal Kim Schmitz, no entiendo por qué se sigue diciendo gratuitamente que el negocio que montó en internet era altruista, un servicio a la comunidad, un acto sublime de defensa al débil. Megaupload y todas las web satélites son un negocio, y vaya si es boyante. Nos podemos hacer los distraídos ante una evidencia: que sus administradores, queriendo aparentar que son tan radicalmente modernos, caen en la histórica contradicción de mantener el viejo y elitista reparto de las ganancias. Facilito la comercialización de bienes que no me pertenecen sin el permiso de sus legítimos propietarios y me lucro hasta decir basta a costa del pueblo.

Se supone que más pronto que tarde todos entenderemos que necesitamos un nuevo modelo de consumo que evite que algunos intermediarios, desde Teddy Bautista hasta Kim Schmitz, se lucren disparatadamente a costa de una división entre artistas y piratas que, además de falsa, es interesada.

El paralelismo con el cierre de Napster, y el cambio que aún así supuso para la industria de la música, es evidente.

Exactamente lo mismo se plantea para el modelo de negocio del libro, donde deberíamos atender a aquellos que abogan por rebajar o matar a los intermediarios.

Una vez más, Juan Varela resume algunas lecciones que debemos aprender tras el cierre de Megaupload:

El mercado de los contenidos debe adoptar la innovación tecnológica y de negocio digital. Está obligado a cambiar aumentando la oferta digital (…) en un mercado de acceso total a través de varias plataformas y aparatos, de la televisión a los móviles. Un mercado donde la propiedad ya no importa , lo valorado es el acceso y el uso.

(…)

Los consumidores buscan precios más baratos y más ajustados a su consumo.Hasta el punto de resignarse a peor calidad, esfuerzos y limitaciones técnicos o simplemente poder pagar suscripciones (como en el streaming legal) en lugar de micropagos y al revés, elegir sólo canciones (la revolución de iTunes) en lugar de álbumes completos. La industria debe repensar la saturación de contenidos actual y cómo los comercializa.

Y este párrafo final:

Un pacto de honestidad entre autores, industria y consumidores. Si se eliminan las barreras de distribución, se abre el acceso a todas las plataformas y dispositivos técnicamente preparados, se establece un sistema de licencias universal con precios competitivos -más competencia y arbitraje, más acceso a redes y contenidos, menos oligopolios y restricciones lo aseguran, como ha ocurrido en la telefonía móvil, por ejemplo- nadie debería violar esas condiciones de buena fe. Por tanto los intereses de unos y otros coincidirían en un mercado abierto, sin posición de dominio excesiva de nadie. Los consumidores tendrían mejor información y más opciones para sus necesidades sin buscar atajos ni sumarse a una cultura de la irresponsabilidad que sólo conduce al abuso y la confusión.

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