Noventa minutos

9 Feb

[Publicado en La RADIO de papel, febrero]

Es un clásico citar a Eduardo Galeano cuando se habla reflexivamente del fútbol. “A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato”, sostiene este escritor uruguayo con el que fácilmente se puede uno identificar ya que, pese a lo anterior, concibe el fútbol como “el mayor de los placeres pequeños, lo más grande entre las cosas sin importancia”. El placer del bético queriendo ver a su equipo ganar al eterno rival; el placer del sevillista queriendo ver exactamente lo mismo. El balón echó a rodar el pasado 21 de enero y Betis y Sevilla empataron a uno en un partido en el que ambos equipos parecieron esforzarse para vencer el pesimismo de la tecnocracia de este deporte. No hubo atisbo de ese mal descrito por Galeano según el cual los equipos se organizan no para jugar sino para impedir que se juegue. Fue un derbi tan extrañamente normal que llegó sin el ruido y la furia de enfrentamientos pasados. Lopera ya no está, con lo que nos ahorramos caprichos megalómanos como el ver su busto junto a un Del Nido ahora con un perfil público bajo, sin el lastre de su propensión a la frase hiperbólica, debido a episodios judiciales recientes (una pregunta para otro momento es por qué al menos no ha puesto su cargo a disposición del consejo de administración después de ser condenado por su relación con el saqueo de Marbella). Bien hallada la cordura en los despachos, el protagonismo recayó en los jugadores. Yo vi a un Sevilla extraordinariamente plantado de inicio, incisivo gracias a la conexión de Reyes y Navas, un equipo que quiso demostrar los galones en cada línea a base de ganar en la posesión del balón, justamente allí donde se presumía que se impondría el rival. El Betis no renunció a su estilo a pesar de contar con una defensa temblona por no ser la habitual. Aún así se adelantaron con un golazo de falta que no desmereció a la jugada trenzada por el carril de Navas para que la empujara Negredo. Un divertimento en toda regla. Si en la primera parte fue el Betis el que pidió la hora, la segunda parte, que perdió algo en calidad, se le hizo muy larga a un Sevilla con diez y exhausto.

Pero esto es sólo lo que yo vi, y viví, desde el sofá de mi casa. Usted tendrá su impresión, teñida un poquito más de verde o un poquito más de rojo. Según. Luis García Montero, que se explica la militancia de cada uno hacia su equipo por tratarse de “ese trozo de vida que se escapa de nuestra infancia y nos acompaña hasta la vejez”, resumió todo esto con la maestría que sólo cabe en un poema: “No conviene que demos a estas cosas/ un valor excesivo./ Son noventa minutos en un vaso de agua./ Pero a mí me han quitado muchas veces la sed”. Nos gusta el fútbol por la aspiración de encontrar esos ratitos en los que vemos saciados nuestros verdaderos problemas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: