Y a ti, ¿te cae bien Garzón?

10 Feb

La inhabilitación de Baltasar Garzón. Es difícil hablar con propiedad de cuestiones de estas características sin ser experto en la materia. Es imposible sacar algo en claro cuando cualquiera de nosotros nos entregamos a ese viejo vicio de opinar según la siguiente ecuación: ¿me cae bien o me cae mal? ¿Es de los míos o no? 

Para que tengamos una opinión más formada se requiere que cualquiera de nosotros, antes de lanzar las consignas que hemos masticado y convertido en una papilla, hagamos el esfuerzo (sí, el esfuerzo) de comprender cada caso en su justa medida. En el caso de Garzón habría que ir a la sentencia unánime del Tribunal Supremo y buscar artículos de fondo como el que ha firmado Tsevan Rabtan en Jot Down (guarde este medio en sus favoritos, si no lo conocía). ¿Que el artículo es muy largo y da pereza leer tanto? Ya lo sé. Es más divertido disparar al tuntún como si estuviéramos en una película del Oeste.

Se puede ahorrar todo lo que sigue si se ha parado a leer el artículo de Tsevan Rabtan. Añado algunas consideraciones particulares:

La noticia se conoció ayer a última hora de la mañana. No salgo de mi asombro: me sorprende cómo la gente tiene una opinión formada cinco minutos después de conocerse la condena a Garzón y que la exponga en las tribunas de los medios, en Twitter y Facebook con total desparpajo. Me da igual cualquiera de los dos extremos que se utilicen para valorar la noticia: la felicitación del “ya era hora” o el lamento del “no hay justicia”.

Es inevitable deshacerse por completo del apriorismo. Reconozco que yo mismo tiendo a simpatizar con los que apoyan a Garzón por el hecho de ver en él la figura de un juez que se ha enfrentado con éxito, llegando a donde antes nadie se atrevió a llegar, contra el terrorismo de Estado y de los pistoleros fanáticos de ETA, contra el narcotráfico de gran escala o incluso arrinconando a dictadores que se creían a salvo de la justicia universal.

Pero esto último no puede ser a costa de cualquier cosa. Por supuesto que en ningún caso puede serlo a costa del derecho. Es exactamente lo mismo que he defendido en casos delicados como el del asesinato de Marta de Castillo: no se pueden hacer excepciones al cumplimiento de la ley; no se puede justificar cualquier práctica en el deseo, compartido por todos, de que se encuentre el cuerpo de la joven y se condene a los asesinos. Las formas son fundamentales en una democracia. El fin no se puede confundir con los medios.

Claro que yo querría que Garzón hubiera acertado en el procedimiento para demostrar lo que parece evidente, todo ese entramado de corrupción ilegal del caso Gürtel, levantado alrededor del Partido Popular, con la malversación de dinero público (ay, ese dinero que ahora nos preguntamos dónde estará y que tanta falta hace para costear lo que sí es imprescindible).

Claro que yo querría que se atendiera el deseo de tantos ciudadanos que quieren encontrar los cuerpos de sus familiares víctimas de los abusos de la Guerra Civil y de la dictadura y que se honre  a éstos al igual que fueron y siguen siendo honrados los caídos del llamado bando nacional. (Hay una cosa que no entiendo: ¿por qué se les acusa a los primeros de vivir instalados en el pasado y en el afán de venganza y acto seguido se acepta dentro de la normalidad democrática que en España se sigan homenajeando a los ganadores?). Pero esto es una cosa y otra distinta es que en la instrucción del franquismo Garzón se empeñara en dar viabilidad jurídica a la persecución de los culpables, cuando es evidente que ha pasado tanto tiempo que prácticamente todos están muerto. No hay Pinochet español entre los vivos, por fortuna.

En su artículo, Tsevan Rabtan va a la cuestión fundamental de la inhabilitación de Garzón: en el caso Gürtel, el Supremo razona que el juez ordenó que se interviniera cualquier comunicación de cualquier presunto delincuente con cualquier letrado con el simple requisito de que hubiera indicios contra el delincuente. Es decir, actuó por si acaso. Parece justificado deducir que se extralimitó en el uso de las grabaciones de las conversaciones entre los imputados y los abogados.

Yo no me alegro de que se aparte de la carrera judicial a Baltasar Garzón.

Pero no es cierto que en España no haya justicia.

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5 comentarios to “Y a ti, ¿te cae bien Garzón?”

  1. José Antonio Segovia 10 febrero 2012 a 16:27 #

    Comprendo tu objetividad a la hora de tratar el tema. Pero precisamente difiero en tu conclusión. Hay leyes y jueces. Hay procedimientos y causas. Tenemos toda una estructura en torno al gran capítulo de la justicia.Pero la justicia o injusticia (humanas)no deja de ser un capítulo que cada uno lo cuenta como le va. ¿Hay objetividad en la justicia Española?. Dicho de otra forma. Si un mismo caso es tratado por un juez en vez de por otro, el resultado sin ninguna duda puede ser distinto. Por tanto el factor humano y por tanto ideológico es un peso nada leve y por el contrario muy grave, que hace que la JUSTICIA sea una asignatura más de debate y discordia. Objetivamente hablando, por ejemplo: nuestra justicia, a diferencia de Islandia, no se ha planteado abordar causas penales contra los causantes de la crisis económicas. ¿Esto hace igual de justa nuestra ley que la de Islandia?. No olvidemos que los contextos históricos y políticos pesan mucho en las decisiones judiciales, sobre todo cuando son de calado. La misma composición (ideolñogica) de los altos tribunales que tenemos en España. Preguntémonos ¿De quienes son hijos la gran parte de los que ejercen la judicatura en España, al menos de los que más peso tienen?. Una cosa es que la justicia está revestida de legalidad y de solemnidad y otra cosa bien distinta es la justicia. Un saludo

    • Luis M. Carrasco Navarro 10 febrero 2012 a 16:58 #

      José Antonio, he tratado de dar algunas respuestas (seguramente sin conseguirlo) siguiendo tu comentario en Facebook. Gracias de nuevo!!

      • José Antonio Segovia 10 febrero 2012 a 20:41 #

        Muchas Gracias Luis. Ha sido un intercambio muy interesante. Al intercambiar exploramos todas las parcelas posibles que están a nuestro alcance. Eso ya es una respuesta más que interesante. Saludos

  2. María Jesús 10 febrero 2012 a 16:10 #

    He leido lo expuesto y te doy las gracias por tu artículo y tu sentir periodístico de llegar al fondo de la verdad, sea cual sea esta, estemos o no a favor. Me quedo con tus últimas palabras que en realidad son esperanzadoras; Yo no me alegro de que se aparte de la carrera judicial a Baltasar Garzón. Pero no es cierto que en España no haya justicia.

    • Luis M. Carrasco Navarro 10 febrero 2012 a 17:04 #

      De nada, María Jesús. Renunciar a llegar a la profundidad de las cosas sería como renunciar al razonamiento, respetando siempre el que tenga cada uno. La escuela de verdad lo que te enseña es a despertar tu espíritu crítico, y para ello es imprescindible huir de cualquier dogmatismo (dice la RAE que dogmático es algo “inflexible, que mantiene sus opiniones como verdades inconcusas”. Me parece una definición brillante).

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