Smart City

16 May

[Publicado en La RADIO de papel, mayo]

Muy de vez en cuando se encuentra uno con una de esas lecturas que sacuden viejas y falsas creencias. Un economista de Harvard, Edward Glaeser, defiende en El triunfo de las ciudades (Taurus) que la ciudad es la más importante creación humana. Enfrentándose al ecologismo supuestamente más ortodoxo, demuestra con datos que vivir entra la densa población es más seguro y más saludable que hacerlo en una casa aislada en medio del campo. Espero que nadie piense que esto es un agravio para la gente de pueblo. Sería tanto como autocriticarme (algo, en todo caso, recomendable). La lectura del citado libro te pone en la pista de lo que parece evidente: los pequeños núcleos rurales han avanzado en la medida en la que han imitado a las ciudades, incorporando los sistemas de alcantarillado, de retirada de basuras y de reciclaje, de regulación del tráfico, los transportes públicos, los equipamientos deportivos y culturales o los edificios de viviendas de varias alturas.

Todo esto vive en estos momentos un auge considerable gracias a la implosión de las tecnologías aplicadas a las ciudades. Se habla cada vez más de Smart City para hacer referencia a aquellas urbes que, por ejemplo como pretende hacer Sant Cugat del Valles, han desarrollado una aplicación para que los conductores sean geolocalizados en sus teléfonos móviles y sepan desde sus pantallas dónde están las plazas de aparcamientos libres. De esta forma, se evitan atascos y gastar combustible en la tediosa tarea de encontrar aparcamiento. Es cierto que cuando nos creíamos ricos el presupuesto público se esfumó en demasiadas ocasiones en cuestiones de dudosa valía. Ahora urge acertar en esos proyectos tecnológicos que repercutan de verdad en una mejor calidad de vida de los ciudadanos. Al parecer, Webdom Labs ya está ayudando a algunos ayuntamientos para medir mejor el consumo de su red de alumbrado, ahorrando un 40% con un sistema que permite reducir gradualmente la intensidad de la luz entre la medianoche y las cinco de la mañana. Es una lección que nos deberíamos aplicar también individualmente: todos los estudios confirman que el simple hecho de saber lo que cuesta poner una lavadora o encender el microondas ayuda considerablemente a optimizar el impacto medioambiental de cada uno de nosotros. Creo que muchos de los recortes dolorosos de ahora se hubieran minimizado si tiempo atrás todas las administraciones públicas hubieran hecho pedagogía y hubieran apostado decididamente por la transparencia en el uso del dinero público. No habrá nunca un sistema más eficaz para evitar el derroche que darle a los ciudadanos las herramientas para fiscalizar, euro a euro, en qué se invierten sus impuestos. Por eso todos deberíamos celebrar iniciativas como la de tuderechoasaber.es.


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