Acentos

11 Jun

Este fin de semana, ante la inminente noticia del rescate de la banca española, volví a buscar y leer un artículo que me pareció revelador sobre la situación por la que atraviesa España. Se titula “No queremos volver a la España de los 50” y me parece  excelente por su argumento de fondo: Ortega y Gasset sigue teniendo razón, España es el problema y la solución, de haberla, tiene que ser de Europa. 

No es que suscriba de principio a fin todo el contenido del artículo (había algunos aspectos que me parecían dudosos), pero sí me resulta elogiable que los autores se atrevan a retratar ese patrioterismo, tan bien conseguido en personajes de ficción tipo Torrente, que parece insondable al ser español. Se hablaba de Gibraltar, por ejemplo, en estos términos:

Debemos abandonar el populismo. Olvidémonos de Gibraltar: entran más españoles a vivir en Londres en un año que la entera población del Peñón. ¿Queremos hablar de esto cuando empresas cruciales españolas dependen de la voluntad del regulador financiero, energético o aeroportuario inglés? Igualmente, dejemos de clamar a gritos nuestra soberanía en peleas abiertas a pecho descubierto con el BCE —que es el único que provee ahora mismo de financiación a la economía española— y con nuestros socios. La histeria debe pasar a mejor vida.

El populismo y la histeria, lamentablemente, parece que es una carga asentada por el paso de los siglos sobre los españoles. Sólo hace falta remitirnos al discurso que ensayó el presidente Rajoy el domingo, un día después del rescate de nuestra banca y horas antes de irse a Polonia para ver el partido de fútbol España-Italia. ¿Que Europa me ha presionado? “He sido yo el que he presionado para conseguir esta línea de crédito”. Es decir: soy español, ¿a qué quieres que te gane? O dicho de otra forma: jamás diré “rescate”, porque ya se me ha olvidado lo que pasa cuando uno camina en dirección contraria en asuntos como la guerra de Irak, la gestión tras el 11-M o la crisis que no era crisis y sí brotes verdes.

Hay cuestiones que siguen siendo irresistibles para las tertulias españolas, y en esto Twitter es un catalizador inigualable. En alguna ocasión ya he dicho que esta red social se convierte en una suerte de spam (correo basura) cuando tocamos temas tales como banderas, himnos, patrias, lenguas, etc.

A propósito de acentos y gibraltares (y respetando la división de opiniones, solo faltaría):

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