Todo estará perdido

24 Jun

Todo estará perdido cuando nos roben las palabras y no sepamos qué significan. En Facebook y en otros foros y barras de bar, debatimos y comentamos cada vez más contagiados con los eufemismos de nuestra clase dirigente. Quizás una de las últimas batallas del periodismo sea mantenerse firme para llamar por su nombre a las cosas. 

Por ejemplo, no es posible que nos dejemos engañar y que llamemos “reformas” a lo que son “recortes sociales” que, no lo olvidemos, llevan la firma del actual Gobierno, sí; pero también de todas las comunidades autónomas y del anterior Ejecutivo, aquel de los “brotes verdes” y la “desaceleración acelerada de la economía” que quiso tapar lo que ya era para todos una “crisis”.

Este domingo he leído un último párrafo de un artículo de Elvira Lindo que no deberíamos perder de vista aquellos ciudadanos que mal haríamos si nos dedicáramos exclusivamente a echarnos pestes los unos contra los otros, autónomos contra profesores, profesores contra médicos, médicos contra bomberos, bomberos contra periodistas, periodistas contra abogados, abogados contra agricultores, agricultores contra taxistas, etc., olvidando quiénes son los máximos responsables de que muchas veces se haya olvidado que “la democracia es un ejercicio recíproco de generosidad”. El último párrafo de ese artículo dice así:

Son muchas las ocasiones en las que he escrito sobre el despilfarro español. Tantas como para que no se me pueda acusar de defender ahora lo que sin duda fue un disparate económico. Basta con salir al extranjero, pisar un aeropuerto de una ciudad europea y compararlo con la T-4 para percibir cómo el gasto en España ha sido irritante. También he defendido que la austeridad debe llegarnos a todos y que debemos enseñar a nuestros hijos de una vez por todas que los derechos no existen sin deberes. Hay que aprender a vivir de otra manera, sabiendo lo que cuesta un curso en la universidad o una visita al médico. Pero eso no tiene nada que ver con que nos vayan encogiendo la sanidad pública o empeorando el sistema educativo. Porque somos también muchos los ciudadanos que hemos trabajado duro, pagado nuestros impuestos e inculcado a nuestros hijos que nadie les debe nada y que la democracia es un ejercicio recíproco de generosidad. Hacer que una parturienta griega no tenga comadrona o que un español de casi sesenta años pierda un trabajo que es a su vez necesario en la sanidad española es hacer pagar a justos por pecadores. Cada vez que nos rebajan el sueldo sentimos como que estamos pagando la factura de esa irresponsable clase política que dilapidó el dinero de nuestros impuestos. ¡Encima!

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