Esperanza Aguirre se va, se va, se va

18 Sep

Se va pero nadie se lo esperaba. Ha sido una noticia de esas catalogadas de alcance. Esperanza Aguirre deja la política por razones difusas. Está la enfermedad “supuestamente curada”, según sus propias palabras, y están también razones personales como que quiere pasar más tiempo con su familia. Todos respetamos las decisiones personales. Yo, desde luego. Pero creo que en su adiós de la política debería haber estado a la altura de su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid teniendo en cuenta que renovó la confianza de los ciudadanos el 22 de mayo de 2011. Se va, se va, se va… y deja por delante una crisis política (parece que no queda todo bien atado en torno a su señalado delfín Ignacio González) cuando todavía no se ha alcanzado el ecuador de una legislatura marcada por la crisis galopante. Hay una palabra que, a la vista de las explicaciones dadas, me parece que define bien este adiós de Aguirre: espantá.

Pero en el adiós mediático se impone el panegírico. Telemadrid convocó anoche de urgencia a varios tertulianos y tuvo que ser Joaquín Leguina el que advirtiera con tono socarrón, y una vez presentados sus respetos hacia la que calificó como amiga, que el adiós de Aguirre es una baja voluntaria y que, hombre, más bien parecía por el tono rozando la lágrima de los allí presentes que se hablaba de la pérdida irreversible de un ser querido, de un fallecimiento inesperado.

La prensa escrita, la que sobrevive escasa de contenidos y de ingresos publicitarios, dedica el día después hasta 15 páginas para narrar, analizar, editorializar, glosar esta noticia de alcance. A mí me parece una noticia importante, sin duda. Pero en el contexto actual me pregunto si el despliegue no es una muestra más de la diferencia sideral entre los medios de comunicación y el ciudadano, es decir, la constatación de cuál es la distancia entre los problemas de los primeros, aparentemente tan vinculados a los problemas de los políticos, y los problemas de los segundos, esos que antaño eran lectores de periódicos.

Esperanza Aguirre es un animal político, pero su renuncia a su cargo público, tanto en el fondo como en la forma, no me parece que sea ejemplarizante. (Dejando a un lado, por falta de datos, el hecho de que su adiós de la política coincida con la inminente llegada a Madrid de Eurovegas y del ofrecimiento para que la expresidenta tenga un inminente acomodo en Turespaña).

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