Santiago Carrillo y el siglo XX

19 Sep

Estoy en la puerta del domicilio de Santiago Carrillo, en un barrio nada ostentoso del sur de Madrid, con otros muchos periodistas. La noticia de la muerte del histórico dirigente del PCE se ha conocido apenas una hora antes, y hay cierto revuelo porque se ha aumentado el cordón de seguridad de la Policía. Es posible que llegue alguna autoridad. Antes de que descubramos que esa autoridad es el Rey y la Reina, un hombre me pregunta algo, entonces creo que algo así como si le dejo pasar. 

— Sí, perdón. Pase. –le respondo a este hombre, desplazándome a un lado–.

— No, te preguntaba que qué pasa.

— Ah, estamos aquí porque ha muerto Santiago Carrillo.

— ¿Sí? Pues ojalá se pudra en el infierno.

Entonces me doy cuenta de que el hombre aquel termina de expresar sus deseos hacia el recién difunto enseñándome los dientes, no sabría decir si intentado sonreír. Acto seguido mira con arrogancia a un niño de unos seis años que le acompaña y que, desde su bicicleta, nos mira a ambos con cara de incrédulo.

Es España el 18 de septiembre de 2012.

Afortunadamente la convivencia de una sociedad, de un país, no se construye desde la minoría de ciudadanos de este tipo. No digamos ya si lo que se persigue es la reconciliación.

Santiago Carrillo ha muerto a los 97 años. El siglo XX pasó por él y supo sobreponerse, evolucionar para mejor, conforme avanzaba la centuria. Fue protagonista de la Historia de España, clave en la Transición hacia la democracia, pero antes, en la Guerra Civil, convivió desde dentro con en el horror de una de las páginas más oscuras de este país.

La sombra de la matanza de Paracuellos, desde luego, es la constatación de que todavía existen muchos agujeros negros en nuestra historia. Es el Madrid asediado por los golpistas, con el Gobierno democrático huyendo a Valencia y con un Carrillo imprudentemente joven, con unos veinte años, convertido en uno de los máximos responsables de la llamada Junta de Defensa. Paul Preston y otros historiadores concienzudos y poco amigos de la propaganda y de la falsificación del pasado no han encontrado pruebas definitivas que responsabilicen directamente a Carrillo de la matanza de los militares presos de la República, si bien una cosa es que no diera la orden de cometer aquella represalia y otra cosa diferente es que, como ha sostenido en vida el protagonista, no supiera absolutamente nada de aquello, ni que tampoco pudiera hacer nada para evitarlo (según Preston, Paracuellos fue responsabilidad de unos anarquistas descontrolados y fanatizados, de esos que tanto daño hicieron a la causa de la República desde su particular defensa de la libertad, aunque también defiende el historiador que Carrillo pudo ser uno de los quince responsables indirectos de aquel lamentable suceso).

Ahora bien, me temo que Paracuellos es uno de los episodios manejados en los últimos años para vender muchos libros de dudosa consistencia histórica y para descontextualizar a personajes como Santiago Carrillo. De una parte, separando su acción o inacción en Paracuellos del tiempo en el que sucedió aquella masacre. Y segundo, y lo que puede ser peor, haciéndole responsable único de aquel suceso (casi, casi como si también fuera el incitador de la Guerra Civil) para tratar de desvincularlo de la reconciliación que se abrió paso en España en 1975 y que se cimentó desde la cesión parcial y el acuerdo entre Carrillo y sus hasta entonces irreconciliables contrarios como Fraga, Martín Villa, Suárez o el Rey.

 

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Una respuesta to “Santiago Carrillo y el siglo XX”

  1. gold account 5 octubre 2012 a 18:23 #

    Vamos a transcribir sólo tres párrafos, porque la carta es un poco larga. Dice así: “Sr. Don Santiago Carrillo Solares: “Creo que me conocerás. Yo sí te recuerdo mucho. Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 85 años. En el año 1.936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama. También estuve en la checa de la ESCUADRILLA DEL AMANECER, de la calle del Marqués de Cubas nº 17 de Madrid, donde presencié los más horribles martirios y crímenes”. “También estuve en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontones, en la Puerta del Sol, donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones en las checas de tu mando. Yo soy Pionero, al que llamaban “EL ESTUDIANTE”, que llevaba la correspondencia a las diferentes checas a cambio de la comida que me dabas…¿Me conoces ahora, Santiago Carrillo? Se despide de ti el enterrador de Paracuellos del Jarama, alias “EL ESTUDIANTE”, que presenció los martirios y asesinatos que tú, Santiago Carrillo, mandaste que se realizaran en España”.Más en Declaraciones de “el Estudiante” a “El Alcázar”.“… Al rato llegó un coche alargado de donde se bajaron 4 milicianos y un quinto, el jefe de las checas, que yo conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 o 24 años. Era Santiago Carrillo. Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros y, sin que yo me lo esperara, sacaron las ametralladoras y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había mandado ejecutarlos, saltó a la cuneta y me dijo: “este es el duque de Veragua, el fascista número uno de España”… mientras sacaba una pistola… y disparó tres tiros sobre el cráneo del duque que ya estaba bien muerto… dirigiéndose al guardia de asalto Ramiro Roig (El Pancho) le ordenó: ¡Quítale el anillo (una sortija con brillantes que parecía muy buena), y como no podía, él ordenó: ¡Córtale el dedo, leche!

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