Vista tras el 21-0

22 Oct

¿Qué escenario político queda tras las elecciones del 21-0? Algunas consideraciones. 

El PNV de Urkullu gobernará con tres escaños menos que en 2009, aquellas elecciones en las que Ibarretxe las revistió de plebiscito de una hoja de ruta soberanista que llevaba su rúbrica, y que naufragó. En su primer discurso, ya como ganador, el próximo lehendakari lanzó un mensaje que abogaba por el “acuerdo interinstitucional”, el pluralismo y la búsqueda de un “nuevo estatus compartido”. ¿Era el discurso de Urkullu un guiño a un posible entendimiento con el bloque constitucionalista de PSE y PP? ¿O emulará más bien a la Cataluña de Mas de la mano de EH Bildu? ¿Quizás un poco de ambas dosis?

EH Bildu es la segunda fuerza en Euskadi. Algunos lo ven como una tragedia por la alargada y siniestra sombra de ETA que planea sobre este partido. Pero, ¿es posible, viendo el histórico de la izquierda abertzale, que en estas elecciones de 2012 haya tocado su techo electoral? Tenía todo a su favor gracias a la capitalización del voto reivindicativo de la izquierda abertzale y el ansia de castigar a PSE y PP, los partidos que: 1) propiciaron su ilegalización al amparo de la Ley de Partidos y 2) han gobernado en estos últimos años de crisis. En buena parte, Bildu ha sido frenado por el PNV. Ahora, a la izquierda abertzale le toca enfrentarse a la realidad de la gestión política, dejando al lado el aura de ensoñaciones envueltas en la patria y las banderas. Arréglame la acera y déjate de futuribles. Un dato relevante: en San Sebastián, donde gobierna Bildu, este partido ha obtenido menos votos que en las elecciones municipales. Es decir, la gestión suele desgastar; forma parte de la normalización.

La crisis se ha llevado por delante a casi todo el que ha gobernado. La victoria del PP en Galicia es una excepción. Feijóo ha revalidado y ampliado su mayoría absoluta, después de esforzarse durante toda la campaña por “ocultar” a Rajoy. Su mensaje ha sido algo así como que Galicia, bajo su gestión, es de las comunidades autónomas con mejor balance, a pesar de los recortes del Gobierno del PP, que se suman a los anteriores del Gobierno de Zapatero. Su gestión le ha permitido a Feijóo sacar pecho en clave territorial: “Hoy Galicia paga y Cataluña pide”. Tras el 21-O, Feijóo se posiciona como uno de los valores más firmes del PP en clave nacional. El presidente de la Xunta ha dicho en campaña que no pedirá ningún rescate. Más bien se podría decir que Feijóo ha rescatado a Rajoy, que habría salido muy tocado en caso de perder Galicia.

Pero tanto en Galicia como en Euskadi el gran derrotado, sin paliativos, es el PSOE de Rubalcaba. El discurso de que la victoria del PP en Galicia daría barra libre a Rajoy para seguir recortando no ha sido “comprado”. En Andalucía sí funcionó este mensaje; pero la clave en esta comunidad fue que el PP de Arenas perdió casi un millón de sus votantes.

Habrá que ver si las críticas dentro del PSOE ganan en relevancia, y si el previsible mal resultado en las elecciones de Cataluña, dentro de un mes, terminan de enterrar cualquier posibilidad de Rubalcaba no ya de optar a ser el candidato del PSOE en las próximas (lejanas todavía) elecciones generales, sino simplemente de continuar con su idea de oposición que, a la vista de los resultados, parece bastante cuestionable. Rubalcaba no es el responsable máximo de la última derrota; pero sí lo es de que el PSOE siga siendo un partido desdibujado. Parece que los ciudadanos de centro-izquierda no ven en este PSOE ningún atisbo de progreso, y eso es garrafal para un partido que ha ligado históricamente su éxito a esa idea de un futuro mejor para todos, se supone que en la vanguardia de las  políticas que consolidaron el Estado del Bienestar.

El auge del nacionalismo debería hacer reflexionar al PSOE sobre varias premisas: ¿ha perdido su discurso de partido nacional debido a su empeño en competir con los partidos nacionalistas, no en votos, sino emulando las políticas nacionalistas? Véase el papel que juega el Partido Socialista Catalán. ¿Está provocando esta crisis que el voto se polarice entre el voto conservador (PP) y la indignación (15-M y sucedáneos), diluyéndose esto último entre la abstención, los partidos nacionalistas o formaciones recientes como UPyD?

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