Megaupload y algunas almas cándidas
Algunas almas cándidas celebran que el cierre de Megaupload devolverá las ganancias a la industria que gestiona los derechos de autor de los artistas. Creen que su modelo de negocio está garantizado porque la operación del FBI pone fin a que las películas y el resto de contenidos sea descargados ilícitamente en la red. Seré el mayor ignorante de este mundo, pero lo que leo por aquí y por allá no me ayuda en mi intento de irme a la cama cada noche (madrugada, en mi caso) siendo un poco menos tonto.
Atendiendo al tren de vida que llevaba el jefe supremo de Megaupload, el tal Kim Schmitz, no entiendo por qué se sigue diciendo gratuitamente que el negocio que montó en internet era altruista, un servicio a la comunidad, un acto sublime de defensa al débil. Megaupload y todas las web satélites son un negocio, y vaya si es boyante. Nos podemos hacer los distraídos ante una evidencia: que sus administradores, queriendo aparentar que son tan radicalmente modernos, caen en la histórica contradicción de mantener el viejo y elitista reparto de las ganancias. Facilito la comercialización de bienes que no me pertenecen sin el permiso de sus legítimos propietarios y me lucro hasta decir basta a costa del pueblo.
Se supone que más pronto que tarde todos entenderemos que necesitamos un nuevo modelo de consumo que evite que algunos intermediarios, desde Teddy Bautista hasta Kim Schmitz, se lucren disparatadamente a costa de una división entre artistas y piratas que, además de falsa, es interesada.
Exactamente lo mismo se plantea para el modelo de negocio del libro, donde deberíamos atender a aquellos que abogan por rebajar o matar a los intermediarios.
Una vez más, Juan Varela resume algunas lecciones que debemos aprender tras el cierre de Megaupload:
El mercado de los contenidos debe adoptar la innovación tecnológica y de negocio digital. Está obligado a cambiar aumentando la oferta digital (…) en un mercado de acceso total a través de varias plataformas y aparatos, de la televisión a los móviles. Un mercado donde la propiedad ya no importa , lo valorado es el acceso y el uso.
(…)
Los consumidores buscan precios más baratos y más ajustados a su consumo.Hasta el punto de resignarse a peor calidad, esfuerzos y limitaciones técnicos o simplemente poder pagar suscripciones (como en el streaming legal) en lugar de micropagos y al revés, elegir sólo canciones (la revolución de iTunes) en lugar de álbumes completos. La industria debe repensar la saturación de contenidos actual y cómo los comercializa.
Y este párrafo final:
Un pacto de honestidad entre autores, industria y consumidores. Si se eliminan las barreras de distribución, se abre el acceso a todas las plataformas y dispositivos técnicamente preparados, se establece un sistema de licencias universal con precios competitivos -más competencia y arbitraje, más acceso a redes y contenidos, menos oligopolios y restricciones lo aseguran, como ha ocurrido en la telefonía móvil, por ejemplo- nadie debería violar esas condiciones de buena fe. Por tanto los intereses de unos y otros coincidirían en un mercado abierto, sin posición de dominio excesiva de nadie. Los consumidores tendrían mejor información y más opciones para sus necesidades sin buscar atajos ni sumarse a una cultura de la irresponsabilidad que sólo conduce al abuso y la confusión.
Aaron Sorkin, tótem
Conforme voy viendo episodios de Studio 60 voy maquinando la forma de glosar aquí a su creador, Aaron Sorkin, ese tótem de la televisión y el cine americano que, supongo que como todo tótem, es idolatrado por unos (la izquierda, por decirlo así) y odiado por otros (la derecha, pongamos). Sé que su serie El ala oeste de la Casa Blanca ha causado estragos ya que, al parecer, ha habido más de dos y tres personas que viéndose en la difícil tesitura de servir a un presidente del Gobierno, Zapatero por ejemplo, se han imaginado a sí mismos como los trasuntos de esos personajes escritos por Sorkin para la televisión. Las comparaciones son dolorosas. Leer más…
No tengo más que decir
A cada cual le toca vivir su tiempo, y el que me ha tocado a mí, a pesar de tantos desmanes, es en lo político inopinadamente mejor gracias al talento demostrado por políticos como Manuel Fraga para adaptarse a los nuevos tiempos. La gran obra de Fraga es haber protagonizado el viaje de la derecha española en el tránsito de la dictadura a la democracia. Esto mismo es lo que ha destacado Santiago Carrillo, coetáneo de Fraga en aquellos años que llamamos, y ensalzamos, como la Transición, cuando ha recordado una vez más el gesto del presidente fundador del PP al atreverse a presentar en sociedad al que por entonces era el líder del PCE recién regresado de la clandestinidad. Fue en el Club Siglo XXI en el año 1978. Leer más…
Reptiles
Por si alguien tenía alguna duda sobre el grado de desvergüenza que ha invadido durante los últimos años a la práctica totalidad de las administraciones públicas, muy especialmente en esas comunidades autónomas que, lejos de articular la vertebración de un país rico en diferencias territoriales artificiosas, se han convertido en la quintaesencia de los enjuagues políticos a costa del dinero del contribuyente, que se detenga en alguno de los artículos que aparecen este domingo en la prensa analizando el escándalo protagonizado por Javier Guerrero, el exdirector de Trabajo de la Junta de Andalucía que dispuso a su voluntad de un “fondo de reptiles” (bautizado así por él mismo ante la juez) de 647 millones de euros; que se detenga en “El director despacha en el bar“. Leer más…
Una portada algo belicosa
Todas las noches veo las portadas de los periódicos antes de irme a dormir. A pesar de la abundancia de información, me sigue atrayendo la propuesta de cada uno de ellos para clasificar y jerarquizar la realidad. Contrariamente de lo que se suele pensar, la gran sorpresa es que periódicos supuestamente tan distantes en sus líneas editoriales coinciden por lo general en sus titulares de portada. Otra cosa es el enfoque. Leer más…
