Si no fuese algo tan arriesgado de decir, diría que he leído la mejor novela que nunca hasta ahora había leído, y no sé si leeré alguna vez.
Entre los rituales que uno va incorporando a su vida, yo siempre he cumplido con el de escribir de mi puño y letra en las primeras hojas de cualquier libro que comprara mi nombre y apellidos (como si quisiera dejar constancia de su dueño, por si algún día se extraviara) y el lugar y la fecha en la que adquirí el ejemplar; a veces, incluso, alguna anotación accesoria, por ejemplo si estaba de paso en aquella ciudad, si me llamó la atención la librería, si fue un regalo.
Corazón tan blanco, la novela que Javier Marías publicó en 1992, yo la compré en Sevilla el 13 de febrero de 2003. No recuerdo exactamente dónde, pero sí que estaba estudiando en la Facultad de Comunicación. Recuerdo también que, por aquellas fechas, comencé a leer Corazón tan blanco. Puedo decir con precisión que abandoné la novela en la página 26, ya que dejé una marca que seguía ahí, en esa página, cuando hace dos sábados (el 21 de noviembre) el aburrimiento hizo que apagara la televisión y el ordenador, dejara a un lado el periódico y me fuera a la estantería donde están los libros. Cogí Corazón tan blanco.
Puede que no quisiera leerlo, pero el hecho es que quedé atrapado desde la primera línea: “No he querido saber, pero he sabido…”
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Una de las grandes ventajas que tiene el trabajar en domingo es el tener acceso a toda la prensa dominical. He dicho ventaja pero tendría que haber dicho placer. A la redacción llegan los periódicos nacionales y los locales junto con sus suplementos, revistas y demás complementos. Al ser un día consagrado al descanso, sólo trabajamos yo y unos cuantos más que, de esta forma, adelantamos nuestro lunes. Está bien comenzar la semana teniendo por delante todas las opciones posibles de glosar la actualidad.
Casi siempre me traigo a casa algún periódico de más, que voy leyendo a lo largo de la semana. De la lectura de este domingo rescato este artículo de Arturo Pérez-Reverte en XL Semanal. Me picó la curiosidad y fui a la hemeroteca universal, Youtube, para ver aquellos reportajes bélicos para la televisión española que realizaron el tándem periodístico formado por Pérez-Reverte y el cámara José Luis Márquez. Leer más…
Conozco a mucha gente (amigos, familiares; también gente cercana) cansada de la Guerra Civil española. Piensan que en España no se puede hacer una película, publicar un libro o escribir un artículo de prensa sin que se aluda a la fractura cainita del 36, lo que les provoca hartazgo. Respeto esta opinión, pero no comparto en absoluto ese cansancio generalizado a lo que representó aquella contienda. Es más, entiendo que es un periodo sobre el que es necesario insistir: primero, porque ofrece un transfondo indudablemente rico para descubrir y contar historias y, segundo, porque pasados 70 años seguimos sin un consenso básico sobre aquellos hechos.
En España tenemos un problema: llevamos en nuestro ADN aquella división de las dos Españas, avisados de antemano de que una de ellas ha de helarnos el corazón. No es del todo cierto, aunque existan esos dos polos. Pero se piensa que hay que tomar partido y optar bien por la España democrática e ilustrada, bien por la España que entendió que debía corregir el rumbo patrio mediante la sublevación militar. O lo uno o lo otro, de forma que la defensa de una posición propia, independiente, equidistante con la beligerencia imperante se revela como una posición descafeinada, pusilánime, incapaz de posicionarse políticamente.
Será coincidencia, pero desde hace algunas semanas no pasa un día sin que lea algo en contra de los guionistas. Me refiero sobre todo a páginas web que tienen secciones dedicadas a la crítica televisiva y/o cinematográfica, con su correspondiente alud de comentarios firmados por los otros, esas personas que escriben desde el anonimato.
Lo último – y que anima este post – es la forma de desprestigiar el hacer interpretativo de Pilar Rubio, una de las reporteras-actrices de Sé lo que hicisteis, recién fichada por Telecinco. El argumento generalizado apunta a que Pilar Rubio (lo mismo se dice de su compañera Patricia Conde, incluso de Ángel Martín) “sólo sabe leer guiones” o, más aún, que el programa en cuestión de laSexta no merece el mucho o poco éxito de audiencia porque “si no fuera por los guiones, sería una mierda”.
No lo intenten: parece que de nada sirve hacer ver al respetable que precisamente es al revés, que sin un buen guión es imposible llegar a un buen producto final, se llame Sé lo que hicisteis, el primer Caiga quien Caiga, la serie The Wire o la última película de Amenábar.
Acabada de ver en DVD las dos temporadas de la serie Roma, de la HBO, el pasado viernes viajamos a Segovia al encuentro de la grandiosidad de su acueducto, una de las obras civiles de mayor fuste del Imperio. Fechada su construcción entre finales del siglo I o comienzos del siglo II, el monumento hace honor al poder que los romanos atesoraron allende los mares.
